Economía para un día lluvioso

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Los llamados grupos para el ahorro de Koh Phdau, Camboya, se dedican a ayudar a grupos de mujeres locales en el desarrollo de sus capacidades. Mediante la aportación de nuevos conocimientos, ellas van ganando confianza en sí mismas y de esta forma pueden llegar a tener un papel más importante en su comunidad. Así lo explica el editor Maureen Bathgate.

Los llamados grupos para el ahorro de Koh Phdau, Camboya, se dedican a ayudar a grupos de mujeres locales en el desarrollo de sus capacidades. Mediante la aportación de nuevos conocimientos, ellas van ganando confianza en sí mismas y de esta forma pueden llegar a tener un papel más importante en su comunidad. Así lo explica el editor Maureen Bathgate.

Svay Khen enseña orgullosamente los pasteles de soja que ella misma ha cocinado hoy a primera hora de la mañana. Pronto partirá para venderlos al pequeño pueblo de Koh Phdau, situado al norte de Camboya en el río Mekong.

Esta anciana todavía vital a pesar de sus 70 años hace al día unas 50 tartas, y vende la unidad a 100 rieles, el equivalente a tres céntimos de dólar australiano. Su ganancia mensual ronda los 10.000 rieles (3,20 dólares australianos), y aunque la mayor parte la gaste en las necesidades del día a día, ahora es cuando, por primera vez, ha conseguido ahorrar una pequeña fracción para emergencias.

La señora Khen forma parte de uno de los grupos para el ahorro de Koh Pdau. La función de estos grupos es estimular las capacidades de las mujeres, aportarles conocimiento y autoestima para que así puedan llegar a sentirse seguras de sí mismas y verse capaces de participar e influir en la toma de decisiones de la comunidad. Llegar a ser líderes dentro de la comunidad o tratar otros asuntos de forma crítica como la violencia doméstica, son otros de los objetivos  que desde los grupos se plantean para estas mujeres.

Los grupos de autoayuda comprenden 15 miembros que se ayudan entre sí para emprender y apoyar pequeños negocios: cultivo y venta de hortalizas, brotes de soja, así como la venta de pollos o la fabricación y venta de pasteles, fideos, granizados y medicinas tradicionales.

 Jerry Galea/Oxfam

Cada miembro invierte parte de sus ingresos en un fondo común. De este modo, las mujeres pueden tomar prestado dinero del grupo para mejorar o expandir su negocio e incluso pagar ciertas necesidades de familia, por ejemplo, asuntos de vivienda, bodas, funerales o casos de enfermedad grave. 

Pero el proyecto no sólo les supone un obvio beneficio económico, sino que además estas mujeres aprenden a leer, a escribir, a hacer pequeñas operaciones matemáticas, a preparar informes o a llevar un registro de las cuentas.

Se reúnen una vez al mes para depositar su dinero, hablar sobre problemas y cuestiones comunes como la salud femenina, la violencia de género, la gripe aviar y el VIH/SIDA, así como sobre nuevas solicitudes para préstamos.

«Ya estoy muy vieja», dice la señora Khen. «Me uní al grupo para poder ahorrar dinero para pagar la atención médica en caso de enfermedad, o para una ceremonia en caso de que me muera.»

«Antes de unirme al grupo no podía tomar dinero prestado de intermediarios porque decían que era demasiado vieja, pero ahora, al ser miembro, he podido sacar dinero para comprar ingredientes para mis pasteles. Guardo algunos de los beneficios de mi negocio para devolver el préstamo al grupo.»

La señora Kheng Kim, miembro del grupo que vende almuerzos de sopa fuera de casa, dice que ahorrar dinero es más fácil en grupo que individualmente.

«Siendo parte del grupo, ahorro dinero. Si intento ahorrarlo yo misma, me es imposible: es demasiado fácil gastarlo», confiesa la señora Kim. «Para hacer un préstamo (del grupo), primero tengo que ir al líder del grupo, luego al líder adjunto, luego al secretario y al cajero, y por último necesito el beneplácito del resto de los miembros.»

Desde que se formaron los grupos, las relaciones entre las mujeres y los hombres en el pueblo han mejorado: las mujeres dicen lo que piensan más a menudo en los encuentros del pueblo, y los hombres comprenden mejor los derechos de la mujer. Sin embargo, aún queda mucho por hacer.

Según la señora Khen, «formar parte del grupo me ha ayudado a entablar relaciones, no sólo entre mujeres, sino también entre hombres y mujeres del pueblo. Lo hace todo más fácil».

Texto original: News Magazine, Oxfam Australia

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