El VIH y el sida tienen un gran impacto sobre la pobreza ya que afectan a millones de hombres y mujeres adultos cuyo trabajo sustenta la economía y servicios de sus países, y que tienen a su cargo a ancianos y niños.
Las estadísticas son alarmantes:
Oxfam trabaja en todo el mundo con personas que luchan a diario contra el VIH y el sida. Personas como Nhararai, que trabaja como enfermera a domicilio en Mozambique prestando una ayuda fundamental a su comunidad. O como Cazu, un actor brasileño que se ha convertido en un activista ejemplar en la lucha contra el VIH y el sida desde que descubrió que era seropositivo.
Oxfam apoya a otras organizaciones socias en África y otros países de todo el mundo en su lucha para la prevención del VIH y el sida, además de ofrecer cuidados a los que padecen la enfermedad. Asimismo, prestamos asistencia a grupos locales para ejercer presión en pro de los derechos de aquéllos que padecen la enfermedad y sufren sus consecuencias.
En el plano internacional, seguimos desafiando a las organizaciones de comercio, gobiernos, compañías farmacéuticas y otras instituciones con capacidad de decisión para que ayuden a mejorar las condiciones de salud de millones de personas pobres poniendo a su disposición medicamentos genéricos a precios asequibles.
Sin la ayuda de médicos y enfermeras con una buena formación, hospitales y clínicas bien equipadas y medicamentos adecuados, el VIH seguirá cobrándose víctimas. Es necesario que se tomen medidas en las altas esferas para poder hacer frente a esta crisis de escala planetaria.
La estrategia de Oxfam para responder a la lacra del VIH-sida es integrar los problemas relacionados con el VIH en todos sus programas. Esto supone que Oxfam analiza el impacto de la enfermedad sobre la población afectada y adapta sus programas de desarrollo y humanitarios para hacerle frente en ese contexto preciso.