Serpientes y escaleras en la “calle Siria”

Niños asistiendo a un evento organizado entre Oxfam y la organización socia Utop
Niños asistiendo a un evento organizado entre Oxfam y la organización socia Utopia

Nour*, de 45 años, trabaja en una escuela en el norte de Líbano. La guardería, a la que acuden niños y niñas sirios y libaneses, ha seguido en funcionamiento a pesar de encontrarse en primera línea de fuego de un largo conflicto vecinal que en los últimos años se ha intensificado, como si fuese un fiel reflejo de la crisis en Siria, justo al otro lado de la frontera. Sin embargo, el reciente alto el fuego finalmente ha permitido a Oxfam y a su organización socia proporcionar ayuda de emergencia.

"Los recientes enfrentamientos han impactado mucho a los niños", dice Nour. "Había francotiradores apostados a ambos lados de la escuela y las balas alcanzaban las aulas. Cuando comenzaron los combates, los niños estaban muy asustados. Algunos se desmayaban y otros lloraban hasta que era seguro salir fuera y sus padres podían venir a recogerlos. Todo sucedía de repente. Los niños y niñas –de entre 2 y 6 años– podían estar sentados en clase y, segundos después, teníamos que correr al pasillo y tirarnos al suelo".

Ahora, mientras este alto el fuego provisional dure, cientos de niños y niñas juegan a “serpientes y escaleras” en un patio destrozado, persiguen globos y se pintan la cara para convertirse en criaturas irreconocibles.

Oxfam trabaja con una organización local para reparar los daños y construir letrinas en las casas deterioradas.

Tras el cese temporal del conflicto, personal experto en instalaciones hidráulicas repara cañerías, tanques y grifos para conseguir que el agua vuelva a fluir de nuevo. El equipo también ha distribuido kits de higiene, para las letrinas y para la protección del entorno, así como filtros y depósitos para el agua. El pasado mes tuvo lugar un encuentro entre la comunidad y las personas refugiadas para que pudieran debatir sus problemas mientras los más pequeños jugaban.

Pensar en el futuro inmediato dejando de lado las preocupaciones

Los miembros del personal y del voluntariado idearon formas divertidas para enseñar a los niños y las niñas buenas prácticas de higiene como, por ejemplo, lavarse las manos. Los padres, tanto de origen sirio como libanés, tuvieron la oportunidad de sentarse a comer en las escaleras junto al patio mientras sus hijos corrían de un lado para otro. Pudieron conversar con miembros de la ONG sobre qué podría hacer sus vidas algo más fáciles.

Desde luego, la vida no es una fiesta en la ahora conocida como "calle Siria", pero desde Oxfam estamos ayudando a estas personas a retirar los escombros y recuperar servicios básicos.

“Esperemos que el alto el fuego que hay ahora perdure, inshallah", desea Nour. "Tenemos mucho trabajo que hacer en la escuela antes de que las clases se reanuden tras el verano. Tenemos que arreglar las ventanas rotas, tapar los agujeros de bala y poner en funcionamiento el agua. Todo lo que podemos hacer es rezar y esperar que la tregua dure".

A pesar del riesgo de que se reanude la violencia, muchas de las personas del vecindario son refugiados sirios en busca de un lugar seguro. Dima* huyó de Siria hace tan solo cuatro días y necesita desesperadamente asistencia humanitaria.

"Hace un año y medio, soldados sirios arrestaron a mi marido, por lo que no podíamos marcharnos. Nos quedamos con sus padres pero mi suegro también fue detenido. Al final tuvimos que venir al Líbano. Mis padres vinieron aquí y mi madre está enferma", cuenta.

Dima y su amiga Afra* hablan sobre su vida en Líbano. "Tiene una parte buena y otra mala", señala Afra. "A veces vas por la calle y la gente te dice que ojala nunca hubiéramos venido. Por eso agradecemos mucho este evento. Es hora de que los niños se diviertan. Es un buen momento para olvidarnos de nuestras preocupaciones".

Casi toda la población siria que vive en esta parte de Trípoli está pagando unos alquileres muy elevados. Dalya Mohamed, de 30 años y procedente de Homs (Siria), paga 200 dólares al mes por un sitio al que sus cuatro hijos puedan llamar hogar.

"La casa está tan cerca de la calle Siria que durante los enfrentamientos las balas volaban sobre nuestras cabeza y teníamos que correr a la casa de mi hermano, abajo, para escondernos con los niños", dice.

"Durante el Ramadán ayudábamos a otras personas. El año pasado éramos nosotros los que necesitábamos ayuda. Nuestros vecinos libaneses nos daban comida. Sin su ayuda y la de mi hermano no habríamos sobrevivido".

El hermano de Dalya, Waleed, vive en el apartamento de debajo, pero ambos crecieron juntos en Homs.

"Tenía un supermercado, repartía leche y vivíamos muy bien en Homs. Me han contado que lo han destruido todo y han robado todas mis pertenencias. No me queda nada".

"Durante los enfrentamientos aquí, en Trípoli, nos escondíamos en una habitación que no tiene ventanas. Mi hermana solía bajar aquí con sus hijos, para resguardarse. Su apartamento está en el piso de arriba, expuesto a las balas".

"Ahora las cosas están mejor. Al menos los niños pueden jugar por aquí cerca. No sobrevivimos a la guerra en Siria para venir y morir aquí".

"Desde que se declaró la tregua han comenzado los trabajos de rehabilitación. Se han reparado las tuberías para las aguas residuales de nuestro callejón y están trabajando en toda la calle, arreglando todo".

Y, entonces, Waleed recuerda el principal temor de la comunidad reunida.

"Espero que la guerra no llegue hasta aquí y tengamos que volver a sufrir, a abandonar nuestros hogares y a perderlo todo".