Autor: Gilvan Barreto/Oxfam
Los trabajadores agrícolas son uno de los colectivos más pobres de las zonas rurales

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Inversión en la agricultura

La agricultura es una fuente de crecimiento y desarrollo pero que contribuya o no a la reducción de la pobreza depende de muchos factores. La inversión en agricultura ayuda a promover el abastecimiento de alimentos, genera trabajo a nivel local y reduce la parte del presupuesto familiar dedicada a la alimentación. Los gobiernos pueden contribuir realizando inversiones de tal forma que se potencien dichos beneficios. El cambio climático genera nuevas amenazas para la agricultura, por lo que son necesarias grandes inversiones para establecer prácticas más sostenibles para la gestión de los recursos del agua, promover la diversificación de los cultivos y animar a los agricultores a proseguir sus actividades agrícolas en otras zonas.

Acceso a la tierra y otros bienes

La garantía de un acceso seguro y de una repartición justa de la tierra son aspectos esenciales para una agricultura sostenible. Los pequeños agricultores que poseen sus propias tierras tienen más facilidades para conseguir un crédito, gestionar sus recursos y tener acceso a la seguridad social. Pero en el mejor de los casos los derechos sobre las tierras son frágiles. A pesar de producir entre el 60 y el 80% de los alimentos que se consumen en muchos países en vías de desarrollo, las mujeres son propietarias de menos de un 2% de las tierras. Por otro lado, los derechos sobre las tierras se enfrentan a nuevas amenazas, por ejemplo la expropiación de tierras para la producción de biocombustibles.

Trabajos y salarios

El trabajo asalariado en el campo es en ocasiones la única salida para los pequeños agricultores y trabajadores que no poseen tierras propias. Los trabajadores agrícolas son uno de los colectivos más pobres de las zonas rurales. Suelen tener empleos temporales, sueldos bajos y las condiciones de trabajo pueden ser muy peligrosas. Cada vez más mujeres forman parte de este colectivo pero, a pesar de ello, generalmente son “invisibles” para los gobiernos, las instituciones internacionales y otras fuentes de financiación. Además, no suelen estar lo suficientemente organizadas como para tener acceso a la seguridad social y a otros tipos de prestaciones.

Acceso a los mercados

Aunque lo lógico es que los agricultores vendan sus excedentes de producción, hoy en día la situación es más compleja. Las grandes empresas exprimen a los agricultores en sus cadenas de producción y hacen que sean éstos los que carguen con los riesgos de los precios y pagos. Al mismo tiempo, la proliferación de los supermercados podría brindar a los agricultores la oportunidad de vender sus productos en diferentes mercados siempre que sean capaces de cumplir las normas impuestas y correr con los riesgos implícitos, lo que generaría más oportunidades de trabajo para los agricultores asalariados en el mercado laboral.

Tanto la creciente demanda de biocombustibles como la subida de los precios de los alimentos han sido noticia en los últimos tiempos. Estos problemas ilustran el impacto que tienen los problemas descritos anteriormente en todo el mundo.

Biocombustibles

Los biocombustibles se presentan como una buena alternativa a los combustibles fósiles ante la creciente necesidad de nuevas fuentes de combustible y la preocupación generalizada por las emisiones de carbono. Sin embargo, las grandes plantaciones para la producción de biocombustibles se han asociado en los últimos tiempos con la deforestación y la degradación medioambiental, la apropiación indebida de tierras, la escasez de agua, el aumento de las desigualdades sociales y las repetidas violaciones de los derechos humanos y laborales.

No obstante, con una gestión adecuada pueden ser para muchos países en vías de desarrollo un modo de estimular el crecimiento de su agricultura, crear oportunidades de trabajo y aumentar los ingresos de los trabajadores y productores agrícolas con escasos recursos.

Los precios de los alimentos

El coste de los alimentos es una preocupación constante para la mayoría de la población más pobre del mundo. El precio mundial de los alimentos alcanzó un máximo histórico en enero de 2011, superando los alcanzados durante la crisis alimentaria de 2007-08.

Oxfam teme que los precios elevados pongan en peligro el abastecimiento de alimentos. La gente con pocos recursos de países en vías de desarrollo gasta actualmente entre el 50 y el 80% de sus ingresos en alimentos, lo que hace que el incremento de sus precios (así como su impredecibilidad) constituya una seria amenaza para su nutrición, así como para continuar gastando en otras necesidades básicas como la salud o la educación. 
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