La reciente y acusada subida de los precios de los alimentos debería haber reportado beneficios para millones de personas pobres que viven de la agricultura. Sin embargo, varias décadas de políticas equivocadas por parte de los gobiernos de los países en vías de desarrollo en aspectos como la agricultura y el comercio han provocado que los agricultores y trabajadores del medio rural no puedan recoger los beneficios de su trabajo.
Como consecuencia, la crisis afecta tanto a los pobres productores como a los consumidores. Para ayudar a los agricultores a salir de la pobreza al mismo tiempo que se protege a los consumidores pobres, los gobiernos de los países en vías de desarrollo deberían realizar inversiones en las pequeñas explotaciones agrícolas y en medidas de protección social.
En caso de que todas estas ideas parezcan complicadas, las hemos dispuesto en este simple esquema de preguntas y respuestas para mayor facilidad.
R. El elevado precio de los alimentos ha llevado a millones de personas en países en vías de desarrollo a una situación más extrema de pobreza y hambruna. Hay unos 967 millones de personas desnutridas en todo el mundo, según datos del Banco Mundial, lo que supone casi una sexta parte de la población mundial.
Los pequeños agricultores de los países en vías de desarrollo no han podido beneficiarse de la subida de los precios de los alimentos, en parte debido a unas viciadas políticas de agricultura y comercio.
R. Las respuestas son múltiples y los analistas difieren en la fuerza relativa de las mismas, aunque aducen las siguientes causas: (1) el aumento de la demanda de los biocombustibles y de productos de países en vías de desarrollo, concretamente de carne, como de la India y China; (2) la escasez de las existencias debido a las imprevisibles condiciones climáticas, a su vez debidas al cambio climático (como por ejemplo, la severa sequía que sufre Australia y otros países) y la reducción de las reservas; (3) el aumento del precio de la energía y la especulación financiera en los mercados de productos.
R. Las grandes empresas de comercio de alimentos han aumentado sus beneficios. También les va bien a las cadenas de supermercados y a las empresas de semillas y fertilizantes. Otras empresas ligadas a la agricultura y que participan en la cadena de suministro han ocupado posiciones importantes en el mercado y desde ahí pueden cosechar los beneficios de la subida de los precios.
R. Las personas más vulnerables de los países en vías de desarrollo (al igual que los pobres de los países desarrollados) son los que acusan el impacto de forma más severa. Los consumidores urbanos, que son consumidores netos de alimentos (es decir, que compran más de lo que venden), luchan para ganar lo suficiente para comer. La gente pobre de los países en vías de desarrollo gasta entre el 50 y el 80% de sus ingresos en alimentos. Pero las personas de las áreas rurales también sufren dado que muchos también son, a su vez, consumidores netos de alimentos.
La mujer es uno de los grupos más afectados: suelen ser las que trabajan las tierras aunque no son dueñas de las mismas y no tienen acceso a créditos para comprarlas. Al mismo tiempo, suelen ser las que cargan con la responsabilidad de alimentar a la familia y realizan trabajos extras para intentar complementar sus ingresos. También suelen reducir sus propias raciones de alimentos cuando hay escasez.
R. Para empezar, muchos de los pequeños agricultores son consumidores netos de alimentos. Muchos de ellos no están integrados de forma apropiada en los mercados y por ello no ocupan una posición desde la que sacar partido al alza de los precios. Suelen asumir los precios que marca la demanda. Normalmente venden sus productos a través de intermediarios y puede que tengan un solo comprador para su producción, lo que determina el precio de la misma. Son además vulnerables ante los cambios climáticos, no siempre disponen de los medios para almacenar sus productos y el mal estado de las carreteras e infraestructuras en general hace que no puedan llegar hasta los mercados.
Los trabajadores agrarios todavía tienen menos posibilidades para beneficiarse de la subida de los precios de los alimentos. Incluso si las personas para las que trabajan sacan beneficios, no es frecuente que una parte de los mismos llegue a ellos en forma de subida de salario o jornal. Estas personas son vulnerables ya que suelen trabajar con contratos cortos y no disponen de una amplia cobertura de derechos laborales: están expuestas a la subida de precios como consumidores pero, al mismo tiempo, tienen pocas posibilidades de aumentar sus ingresos como consecuencia de la misma.
R. El impacto general para las personas que viven en la pobreza en los países en vías de desarrollo ha sido notablemente negativo. Hay países exportadores de alimentos, como es el caso de Brasil y Argentina, que han obtenido beneficios en el plano macroeconómico, pero donde sus habitantes más pobres están acusando el severo impacto producido por la subida de los precios.
En los países importadores de alimentos y donde hay un elevado índice de pobreza como Haití o Bangladés, como en muchos otros del África subsahariana, la subida de los precios representa una de las amenazas principales en la lucha por reducir el hambre y la pobreza.
En términos generales, el Banco Mundial estima que 119 millones de personas acusan una hambruna más severa debido a la subida del precio de los alimentos. Esto representa un preocupante retroceso en el camino para paliar el hambre, uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
R. Los gobiernos de los países en vías de desarrollo deben realizar mayores inversiones en agricultura, apoyando en concreto a los pequeños agricultores y a las mujeres. Deben desarrollar políticas de protección social, como garantizar unos ingresos mínimos y dar apoyo para ofrecer educación y servicios sanitarios para todos.
Los gobiernos de los países desarrollados y otros organismos que contribuyen con financiación como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, otras agencias multilaterales para el desarrollo y ONG deberían apoyar a los países en vías de desarrollo a poner en práctica estas políticas y no presionarlos para que abran sus mercados prematuramente o para que adopten otras políticas que dejarían al descubierto a su vulnerable población. Hay que elevar la cuantía de la ayuda mundial al desarrollo de la agricultura, la cual ha caído notablemente.
R. En general, los agricultores de los países desarrollados tienen muchas más probabilidades de haber sacado beneficios del alza que sus homólogos de los países en vías de desarrollo. Incluso en el caso de que no hubieran obtenido beneficios, o de que dicha alza haya repercutido de forma negativa, siguen teniendo muchas más probabilidades de contar con ayudas gubernamentales, otros tipos de protección como seguros o algún otro tipo de ingresos.
R. Es cierto, actualmente, el precio de los alimentos está bajando. El índice de precios de los alimentos de la FAO cayó en un 6% en agosto, la primera reducción en siete meses y que dejó el índice en 201 puntos. Esta caída se debe principalmente a los intensos recortes de los precios internacionales de los cereales, aceites de origen vegetal y productos lácteos. No obstante, dicho índice sobrepasa en un 13% su valor de agosto de 2007 y en un 60% el de agosto de 2006.
Los expertos sugieren que es poco probable que los precios de los alimentos retrocedan hasta los valores anteriores, en parte debido a cambios estructurales que han tenido lugar, como cambios en los patrones de consumo, la migración a las ciudades o la inestabilidad de los modelos climáticos. Incluso si los precios continuaran reduciéndose, los 119 millones de personas que acusan una hambruna más severa debido a la subida del precio de los alimentos siguen necesitando ayuda y de forma urgente.
Además, la crisis actual ha generado un nivel de vulnerabilidad general alarmante y que hay que paliar.
R. La subida del precio de los alimentos y de los combustibles ha repercutido negativamente para las personas que viven en la pobreza en los países en vías de desarrollo. Los efectos negativos de la crisis financiera mundial se hacen más intensos para las personas pobres ya que siempre son las más vulnerables a su impacto. A medio plazo, la ayuda mundial que reciben se puede ver mermada como consecuencia del agravamiento de la situación financiera mundial, lo que puede resultar en una verdadera catástrofe. Los recortes de los precios de los productos y combustibles pueden ser una medida para aliviar la presión, pero el carácter vulnerable de los países en vías de desarrollo y de sus habitantes es un problema latente y al que hay que poner remedio.
R. En absoluto sugerimos que las empresas no puedan sacar beneficios siempre que éstos no sean a costa de millones de personas pobres que no tienen ni para comer, sino que si ése es el caso, hay algo que falla en el sistema. Cualquier empresa tiene la responsabilidad de desarrollar su actividad de una forma ética, responsable y transparente. No estamos diciendo que ésta u otra empresa haya hecho algo malo, pero sí que constatamos que su influencia en el mercado es una de las razones por las que los agricultores pobres no pueden sacar beneficios de la subida de los precios. Éste es un problema al que se puede hacer frente desde el plano gubernamental a través de un mayor control. Es por ello que los acuerdos de comercio que limitan las competencias de los gobiernos para el control de las empresas extrajeras son problemáticos.
R. El porcentaje total de ayuda mundial destinado a la agricultura ha caído de 18% a 4%, a pesar de tener pruebas tangibles de que la inversión en agricultura compensa con creces, tanto reduciendo la pobreza y las desigualdades, como promoviendo un crecimiento sostenible, además de ser respetuosa con el medioambiente. Oxfam cree firmemente que el gasto mundial dedicado a la ayuda de los más necesitados tiene que ir en aumento, y que ser coherente con las promesas realizadas por los países desarrollados. Esta ayuda debe estar mejor dirigida y gestionada, para poder optimizar su efectividad, como por ejemplo, recortando los gastos en consultores.