Autora: Louise Hancock/Oxfam

La educación femenina en Afganistán: testimonios

Para septiembre de 2011, 2,7 millones de las niñas afganas están escolarizadas, frente a las 5.000 de 2001. Pero mientras esta cifra crece, las niñas afganas continúan topándose con muchas barreras a la hora de recibir educación.

  • La calidad de ésta es altamente irregular,
  • las condiciones de las escuelas son a menudo pobres y
  • cerca de medio millón de las niñas escolarizadas no asisten regularmente a clase.


Las ONG piden nuevos esfuerzos al gobierno afgano y a los países donantes para mantener a las niñas en las escuelas. Distintas mujeres nos cuentan su situación:

Meena Amiri, 17 años, estudiante de Mazar-e-Sharif, en la provincia de Balkh, al norte de Afganistán.

Meena dice: “Siempre he querido ir a la escuela pero durante mucho tiempo mi padre no me dejaba porque decía que no podía permitírselo. Decía ‘Somos pobres. No puedo permitirme comprarte libros, bolígrafos y cuadernos. No tiene sentido’.”

“Pero los niños normalmente no tienen ningún problema. Las personas tratan a las niñas y a los niños de manera distinta. A las familias no les importa que sus hijos reciban una educación, pero a muchos les supone un problema que las niñas vayan a la escuela.”

Meena tenía sólo 14 años cuando ella y sus dos hermanas se vieron obligadas a dejar la escuela cuando su padre perdió su trabajo. Aún recuerda lo triste que se sentía cuando, durante todo un año, se tuvo que quedar en casa mientras su hermano continuaba yendo a las escuela. “Estaba muy disgustada. Lloraba todo el tiempo. Me sentía prisionera, atrapada en una jaula durante todo un año. Me faltaba el aire – mi vida me parecía muy limitada.”

Tras todo un año, su padre por fin cedió cuando el director del centro comunitario local le suplicó que permitiera a Meena regresar a la escuela y se ofreció a pagar los materiales básicos que ella necesitaba.

Sin embargo, sus dos hermanas decidieron no volver a la escuela. Ahora una asiste de forma ocasional a cursos de alfabetización organizados por el centro comunitario local mientras la otra aprende costura.

“Volví a la escuela porque quiero ayudar a mi padre a mantener a la familia. Quiero asegurarme de que mis hermanas pequeñas no tendrán que abandonar la escuela porque no nos lo podemos permitir. Y quiero servir a mi país. Pero no puedo hacerlo si no sé leer o escribir.”

Meena quiere ahora convertirse en abogado y ayudar a traer la justicia a Afganistán – especialmente para sus mujeres. Ella cree firmemente que las niñas deben recibir una educación, tanto como los niños.

“Somos un país destruido por la guerra. Y las personas valoran más la educación de los niños que la de las niñas. Pero, como seres humanos, todos tenemos derecho a ir a la escuela. Las familias deben cambiar sus actitudes. Deben hacer lo correcto – las niñas tienen el mismo derecho que los niños a estudiar y aprender. Y las niñas son incluso más importantes para el futuro de Afganistán. Seremos nosotras, las niñas, quienes cuidaremos de nuestros hogares y de nuestro país.”

Nafeesa Ghyasi, 56 años, directora del instituto para chicas Hashim-e Barat, en Mazar-e-Sharif, al norte de Afganistán. Ha trabajado 32 años como profesora, y 8 como directora.

Nafeesa afirma: “Nos enfrentamos a dos retos principalmente. Por un lado, la falta de seguridad en el país - no hay muchas zonas pacíficas donde las niñas puedan asistir a la escuela sin problemas - y, por otro, la falta de escuelas, libros de textos, sillas, mesas o profesores. Estos factores limitan el futuro de muchas niñas en Afganistán.”

“Por ejemplo, en mi escuela hay 16 clases que no tienen un aula en el que dar clase. No tenemos departamentos específicos para las diferentes materias. No contamos con una sala de conferencias, laboratorio, biblioteca, guardería o un sitio en el que las niñas puedan cocinar algo de comida. Hay demasiadas niñas para las pocas aulas que tenemos – no hay suficiente espacio para todas.”

“Cuando hace frío, llevamos a las niñas, que normalmente dan clase en tiendas, adentro. Les metemos en las oficinas donde por lo menos hace algo más de calor.”

“La guerra juega también un papel importante. Si hay conflicto en alguna zona de Afganistán me hace sentir insegura. A las estudiantes también les afectan mucho las noticias de guerra. Pero los hombres y las mujeres tienen la obligación de estudiar. Históricamente, la gente de Afganistán siempre ha estado muy interesada en los estudios, pero el conflicto ha destruido todas las infraestructuras. Y estamos intentando reconstruirlas. No queremos ser unos ignorantes. La ignorancia lleva al conflicto.”

Amenah Pedram,  45 años y madre de ocho niños de Mazar-e-Sharif, ha sido profesora durante 26 años. Durante los últimos 10 años ha enseñado historia y geografía en la escuela para niñas Nash

Amenah dice: “El mayor problema aquí es que se trata de una escuela mixta. Tenemos cuatro mil niñas estudiando pero no hay suficiente espacio para ellas. A la mañana, tanto los niños como las niñas vienen a la escuela, y a la tarde sólo las niñas. Pero resulta difícil porque muchas personas no tienen una mente abierta y no les gusta que los niños y las niñas vayan a clase juntos. Necesitamos otra escuela para las niñas pero, por ahora, no tenemos otra elección. A pesar de ello, a muchas niñas se les enseña en tiendas o en el exterior. Cuando hace frío, juntamos varias clases en una sola aula o les damos clase en los pasillos. Muchas niñas dejan la escuela porque hay muy poco espacio. Aquellas que se quedan, tan sólo vienen unas pocas horas, insuficientes para una educación adecuada. Todo el sistema debe cambiar. El gobierno debe invertir más en educación. Toda la sociedad se beneficiará si nuestra gente recibe una educación."

Más información

Descárgate el informe - Hay mucho en juego: La educación de las niñas en Afganistán

El trabajo de Oxfam en Afganistán

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