Las mujeres olvidadas de Iraq - galería de fotos
Hace seis años que empezó la guerra y Oxfam ha recogido un informe donde se resalta la angustiosa y desesperada situación que viven incontables mujeres en Irak, además de instar a emprender una respuesta activa y positiva por parte del gobierno iraquí y de la comunidad internacional
El informe (“En sus propias palabras: las mujeres iraquíes explican sus principales preocupaciones y desafíos”, pdf, en inglés) se hace público el Día Internacional de la Mujer para subrayar el esfuerzo cotidiano al que se enfrentan las mujeres de Iraq, tras años de conflicto.
Éstas son algunas de las mujeres que hemos conocido:
Las mujeres olvidadas de Iraq
Hace seis años que empezó la guerra y Oxfam ha recogido un informe donde se resalta la angustiosa y desesperada situación que viven incontables mujeres en Irak, además de instar a emprender una respuesta activa y positiva por parte del gobierno iraquí y de la comunidad internacional
El informe (“En sus propias palabras: las mujeres iraquíes explican sus principales preocupaciones y desafíos”, pdf, en inglés) se hace público el Día Internacional de la Mujer para subrayar el esfuerzo cotidiano al que se enfrentan las mujeres de Iraq, tras años de conflicto.
Éstas son algunas de las mujeres que hemos conocido:
Autor: Al-Amal Association/Oxfam.Amal es una viuda que tuvo que abandonar su hogar debido a la guerra. Ahora vive con sus niños en una zona remota donde no hay agua potable ni electricidad. Tienen que caminar durante dos horas cada día para poder recoger agua no potable de una tubería rota, y no tienen más remedio que beberla y utilizarla para cocinar y lavar.
Autor: Al-Amal Association/Oxfam.Amal utiliza su ajada y vieja maleta para guardar los alimentos. Como consecuencia de la guerra, Amal es tan pobre que muchas veces pasa sin comer para poder darle algo que llevar a la boca a sus hijos. “Yo cargo con la responsabilidad de toda mi familia y trabajo muy duro aunque no coma lo suficiente por el bienestar de mis niños”.
Autor: Ceerwan Aziz/Oxfam.Jameela, de 50 años, trabaja en el cementerio Wadi Al Salam, próximo a la ciudad de Najaf. Vende productos como incienso y velas para los que van a llorar a sus muertos. Se trata de un lugar peligroso para trabajar, ya que está expuesta constantemente al riesgo de violencia, además de ver a menudo a gente asesinada y coches robados.
Autor: Ceerwan Aziz/Oxfam.“Mi trabajo [en el cementerio Wadi Al Salam, próximo a la ciudad de Najaf] es degradante, peligroso y humillante, pero ¿qué más puedo hacer?”, afirma Jameela. El trabajo dignifica, y en todo caso las cosas están mejor que al principio. Por lo menos he conseguido sobrevivir durante todos estos años y sacar adelante a mis cuatro niños con este trabajo”.
Autor: Ceerwan Aziz/Oxfam.Nour trabaja desde que murió su marido, y suele tener más de un empleo a la vez para poder sacar adelante a sus niños sin ayuda del gobierno. Hasta que su hijo mayor, Mustafa, fue lo bastante mayor para ir a la escuela, trabajaba con él atado a su espalda, ya que no tenía otra opción. Muchos de los ingresos que genera los invierte en pagar los estudios de sus niños, ya que considera que es lo más importante para ellos.
Autor: Ceerwan AziDebido a los constantes brotes de violencia, la situación en el barrio de Nour es bastante peor que la que existía antes del comienzo de la guerra. “Nuestra agua potable tiene filtraciones de aguas residuales, hay epidemias, basura, cadáveres y aguas residuales corriendo por las calles”, afirma Nour.
Autor: Ceerwan Aziz/Oxfam.Shafeeka, de 59 años, vive en esta tienda que levantó ella misma desde que la obligaron a abandonar su hogar en 2003, cuando comenzó la guerra. “Hay tan poco de todo por aquí… la clínica más cercana está a 40 kilómetros. Hay gente que ha muerto porque no pudieron ser atendidos por un médico. Necesito un hogar, no se pueden imaginar lo duro que es estar viviendo en una tienda, pero tengo que ser paciente y sólo espero que las cosas vayan a mejor un día”.
Autor: Ceerwan Aziz/Oxfam.La lucha diaria de Shafeeka para ganarse a duras penas la vida empieza cada mañana. “Mezclo la arcilla que puedo permitirme comprar con agua y heno que recojo de un lugar distante. Después le doy forma de ladrillos para la construcción de hornos y los dejo a secar al sol hasta que se solidifican. Por último los pongo a la venta, y por cada horno que vendo puedo costearme hasta tres comidas”.
Autor: Ceerwan Aziz/Oxfam.Shafeeka fabrica ladrillos para hornos para poder ganarse la vida. “Me siento orgullosa de ser una mujer autónoma. No es un trabajo del que tenga que avergonzarme. Trabajaré hasta el último día de mi vida, pero me gustaría contar con una pensión cuando ya no sea capaz de seguir trabajando”.
