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Si los nuevos acuerdos comerciales se amañan para favorecer a los países ricos de Europa, es más probable que ayuden a potenciar la pobreza en lugar de a combatirla.
Los TLC se negocian entre países ricos y pobres, forzando acuerdos poco razonables y con reglas injustas que dejan a los países pobres sin el tiempo o el espacio necesarios para conseguir unas reglas de comercio favorables para sus habitantes.
Descubre quién controla los hilos de la red de comercio y haz oír tu voz en la lucha contra unas reglas de comercio amañadas.
Los acuerdos de libre comercio entre partes iguales pueden beneficiar a ambas partes. Sin embargo, cuando las partes son países ricos de un lado y países pobres del otro, la economía más fuerte siempre es la que prevalece.
La globalización y el comercio han hecho que millones de mujeres de países en vías de desarrollo entren en el mercado laboral. Sin embargo, a las trabajadoras se les niega de forma sistemática una parte justa de los beneficios producidos por su trabajo.
Los países ricos limitan y controlan la cuota de mercado mundial de los países pobres mediante aranceles sobre los productos importados. Como resultado, muchos países pobres sólo pueden permitirse exportar materias primas, lo que les aporta muchos menos beneficios que los productos elaborados.
Hay millones de agricultores pobres en países en vías de desarrollo que no pueden ganarse la vida debido a los precios baratos y en algunos casos irrisorios de los alimentos importados.
El comercio genera ingentes cantidades de riqueza pero la gente de los países pobres sale perdiendo porque reglas que controlan el comercio favorecen a los países que fijan dichas reglas.
