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Tras una década del inicio del conflicto armado en la región de Darfur, en Sudán, los 3,4 millones de personas que aún precisan de ayuda humanitaria ven impotentes como la frágil seguridad se deteriora aún más.
Los campos de refugiados en el condado de Maban (Sudán del Sur), que dan cobijo a más de 100.000 refugiados sudaneses, son como bombas a punto de estallar ante la amenaza de un grave brote de enfermedades.
Un año después de la independencia de Sudán del Sur el 9 de julio, el joven país se enfrenta a su peor crisis humanitaria desde el final de la guerra en 2005, bajo el peso de una severa crisis económica severa y un conflicto en curso. Los esfuerzos a largo plazo y de emergencia para ayudar a casi la mitad de la población, que no tiene suficiente para comer, podrían caer en balde por una economía fuera de control.
Las lluvias estacionales en Sudán y Sudán del Sur agravarán las ya terribles condiciones en los campos de refugiados, restringirán el acceso y los desplazamientos, y aumentarán el riesgo de contraer enfermedades.
