4º aniversario tsunami: pronosticar un futuro mejor, India
Tras la catástrofe del tsunami, Oxfam Internacional llevó a cabo un plan de investigación para mejorar la calidad de sus programas y políticas de ayuda ante los tsunamis y para compartir información que pudiera resultar de utilidad a otros organismos de ayuda humanitaria en futuras situaciones de emergencia.
La evolución mostrada por una aldea de India que participó en un estudio sobre las precipitaciones ilustra la importancia de las investigaciones a la hora de ayudar a las comunidades agrícolas a adaptarse al cambio climático, así como la relevancia de coordinar dichos proyectos con programas de lucha contra la pobreza.
Para los agricultores de la aldea de Sengapadai, en India, averiguar lo que se avecina forma parte de sus vidas. Son una especie de adivinos que analizan la historia para pronosticar el futuro. Mediante métodos que han evolucionado durante miles de años, observan el movimiento de las estrellas, determinan el tipo de viento en un día concreto del mes o del año, y estudian el comportamiento de las plantas y animales. Todos los años, el misterio más importante que deben desvelar es el siguiente: ¿Cuándo llegarán las lluvias?
Si cometen un fallo de cálculo, puede haber graves consecuencias. En años anteriores, esto significó que las familias tuvieran que posponer no sólo bodas sino también cuidados médicos. Sus hijas e hijos tuvieron que dejar la escuela y abandonar los estudios académicos. Tuvieron que empeñar las joyas, que constituían todos sus ahorros, incluso los collares que simbolizan el matrimonio. Y Jakkammal, de 51 años de edad, añade: “En un año malo, solamente hay una comida al día”.
Las lluvias son inadecuadas
El fantasma de las malas cosechas acecha con más fuerza que nunca últimamente ya que, como un agricultor indica, “Las lluvias son inadecuadas”.
Llueve cuando no debería y cuando debería hacerlo no llueve, por lo que los métodos de predicción tradicionales pierden su eficacia al no poder adaptarse a la misma velocidad a la que se producen los cambios.
“Ha habido grandes diferencias en los patrones de las precipitaciones durante los últimos 10 años”, dice Jeeva Rathinam, otro agricultor. “Antes, solíamos tener una planificación adecuada y plantar un solo tipo de semilla en los campos. Ahora tenemos que mezclarlas para ver cuál crece”.
“Los cambios en las lluvias que están viviendo los agricultores desafían sus conocimientos sobre el funcionamiento de la naturaleza", dice Hari Krishna, responsable del programa de investigación de Oxfam en India.
En otras palabras, el cambio climático ha llegado a Sengapadai.
Investigadores y agricultores, un trabajo en equipo
El ACEDRR (Centro avanzado para la reducción del riesgo de catástrofes) de la fundación DHAN (Fundación para el desarrollo de la acción humanitaria), un socio de Oxfam, se ha creado para ayudar a las comunidades a adaptarse al panorama de cambios climáticos. La investigadora B. Arthirani, siendo ella misma hija de agricultores, reunió y analizó los datos correspondientes a 40 años de precipitaciones en la zona y en un día de sofocante calor del mes de mayo de 2008, los agricultores de Sengapadai se reunieron para conocer los resultados.
Según les explicó, las precipitaciones que antes se producían en julio de manera previsible, ahora deben esperarse para finales de agosto. Además, les propuso retrasar la siembra del cacahuete hasta el 10-16 de agosto.
Tras esto, tuvo lugar un acalorado debate. Realizar cambios para adaptarse a las lluvias podría volver los cultivos más vulnerables ante las malas hierbas o las plagas, así que los agricultores discutieron los pros y los contras de distintas medidas. Sin embargo, una hora más tarde todo el mundo se había puesto de acuerdo en que el mejor modo de equilibrar todos los factores en juego probablemente sería plantar maíz en septiembre.
No se trata de investigaciones como las llevadas a cabo en las universidades, en las que los académicos realizan sus estudios cómodamente lejos de los agricultores implicados, y en las que se transmiten las recomendaciones de forma jerárquica a los habitantes de la aldea. El debate de aquel día, que comenzó con las conjeturas de Arthirani sobre qué plantar y cuándo, acabó con un plan práctico que recogía las aportaciones de dentro y fuera de la comunidad. El estudio del ACEDRR, dice Arthirani, “no es un proceso unilateral”.
“Los miembros de la comunidad no sólo se consideran como beneficiarios del estudio”, explicó Hari Krishna. “Aquí, son un compañero más en el proceso de investigación. Ellos saben más sobre el suelo, el cielo, el agua y las cosechas que se adaptan mejor a sus necesidades”.
Una desagradable ironía
Fuera del lugar de encuentro, una vaquilla buscaba al borde del camino algo para pastar mientras pasaba por allí un carro de bueyes lleno de forraje. Las mujeres, que transportaban leña y agua sobre sus cabezas, caminaban por la polvorienta calle principal bajo el intenso sol de mediodía. En la distancia, un hombre metido en un estanque con el agua hasta las rodillas, refrescaba a un conjunto de bueyes sin duda tras lo que había sido una dura mañana de trabajo en el campo.
Los combustibles fósiles así como todas las comodidades y aplicaciones para el trabajo derivadas de ellos parecen haber pasado por alto esta aldea. No había ni coches ni tractores a la vista y, a pesar de la infernal temperatura, nadie iba a casa para disfrutar del aire acondicionado o bebidas frías. Es una desagradable ironía ver cómo aquéllos que menos han contribuido al cambio climático son los más vulnerables a sus consecuencias.
Podemos disfrutar de tres comidas
La fundación DHAN lucha contra esta situación de vulnerabilidad en dos frentes. Por un lado, la investigación centrada en las catástrofes que lleva a cabo el ACEDRR está ayudando a que los impredecibles patrones de las precipitaciones no provoquen pérdidas masivas de cosechas mientras que, por otro lado, los programas de desarrollo de la fundación DHAN contribuyen en otros aspectos: ayudando a los agricultores a organizarse en grupos de autofinanciación que posibiliten el ahorro y la inversión; creando federaciones que han tenido mucha influencia en el mercado; y facilitando que los agricultores tengan acceso a semillas de mejor calidad, seguros a precios razonables y prestamistas que les aplican un 2% de interés en lugar de un 10%.
Se trata de una estrategia que está funcionando. Llegado el mes de noviembre, se pudo comprobar que el cambio del cacahuete al maíz había sido todo un éxito. En todas partes hay signos de la creciente seguridad que vive esta comunidad, y más todavía si nos fijamos en la sonrisa de tranquilidad que luce Jakkammal. Todo apunta a que los días en los que una mala cosecha condenaba a la comunidad al endeudamiento y el hambre se han acabado. “Después de habernos unido a la DHAN, podemos disfrutar de tres comidas”, concluye.
