Desesperación humanitaria en Gaza

“De lo único que debe hablarse es de alto el fuego y paz, y las prioridades deben ser la seguridad y los derechos de los ciudadanos.”
Jeremy Hobbs
Director Ejecutivo de Oxfam Internacional

por Jeremy Hobbs, Director Ejecutivo, Oxfam Internacional

 


Hace dos días, un empleado de Oxfam residente en Gaza puso en riesgo su vida al coger el coche en busca de comida fresca para sus cuatro hijos de corta edad. Ahora mismo en Gaza no hay fruta ni carne y escasea la leche, pero pudo encontrar algunas verduras a un precio elevado. Pero entonces, debido a los continuos bombardeos y disparos, tuvo que conducir por las calles adyacentes a su casa sin descanso ya que un coche parado es un blanco seguro, hasta que en un segundo de tregua logró colarse en casa y volver al lado de su aterrorizada familia.


Por motivos de seguridad, Oxfam ha tenido que suspender gran parte de su trabajo en Gaza, incluido uno de los programas más importantes que ofrece asistencia a 65.000 personas, mientras varios socios de Oxfam continúan desarrollando labores esenciales a pesar de las dificultades. La ayuda alimentaria de la ONU de la que dependía un 80% de la población total de Gaza compuesta por 1,5 millones de habitantes, se ha visto gravemente afectada durante la última semana debido a los bombardeos.


La población civil de Gaza ya ha vivido las consecuencias del bloqueo cada vez más estricto durante los últimos 18 meses, que impide el acceso a una amplia selección de productos y mercancías y dificulta que la población pueda entrar y salir libremente de Gaza. Ha sido una especie de castigo colectivo, ilegal ante la ley humanitaria internacional pero aun así tolerado por la comunidad internacional.


Ahora, con la incursión terrestre tras una larga semana de bombardeos, la crítica situación humanitaria existente se vuelve desesperada. Un miembro del personal de Oxfam en Gaza explica que hay apagones, gente atrapada en sus casas a causa de la violencia, pasando frío ya que tienen las ventanas abiertas para que no estallen por las bombas, mientras se escuchan los gritos de los niños en la noche.


La falta de combustible es uno de los mayores problemas puesto que obliga a cerrar la central eléctrica de Gaza y eso deja a muchas personas sin electricidad gran parte del día. Los bombardeos también han dañado los tendidos de alta tensión y las infraestructuras de producción energética. Sin combustible y electricidad, las bombas para pozos y saneamiento de agua dejarán progresivamente de funcionar. Los hospitales colapsados por los heridos trabajan desesperadamente con generadores de emergencia y si éstos fallan por el uso excesivo o al agotarse las reservas de combustible, la desesperación se convertirá en devastación.


Ya es hora de que Israel y Hamas renuncien a la violencia y respeten los derechos de la gente de la calle. Los civiles vulnerables de Gaza, incluidos miles de niños, necesitan con urgencia que ambas partes ejecuten un alto el fuego inmediato y permanente.


La UE y otros políticos hablan de posibles “pausas humanitarias”, ante la clara respuesta negativa hasta el momento de Israel. Cualquier interrupción de las hostilidades deberá ser bien recibida mientras que su rechazo es tremendamente desalentador. Sin embargo, un breve cese de las hostilidades por sí solo no puede paliar la situación cada vez más grave que vive la población de Gaza.


Dependen en su gran mayoría de la ayuda alimentaria regular y todavía no se han recuperado de la semana de bombardeos. No se les puede suministrar de forma adecuada combustible para cocinar o reservas de comida durante una “pausa” de los ataques con una duración de uno o dos días. Los hospitales saturados tampoco pueden disponer de más camas libres ni ofrecer la atención médica apropiada a los heridos, mientras no paran de llegar más muertos y heridos. Ni los niños pueden volver al colegio sólo por dos días para luego regresar a sus hogares aterrorizados, ni se puede empezar a tratar en serio los daños psicológicos causados por la guerra a los civiles.


Un alto el fuego debe combinarse con la supresión del bloqueo, de forma que la población de Gaza tenga acceso a una amplia selección de provisiones y no sólo a la comida, medicamentos y artículos básicos a los que se les permite acceder desde que dieron comienzo los bombardeos. Los trabajadores humanitarios necesitan poder trabajar libremente en la Franja de Gaza sin poner en peligro sus vidas.


Debe ejercerse una mayor presión tanto sobre Israel como sobre Hamas. Las entidades internacionales, en especial la ONU pero también la UE y la Liga de los Estados Árabes entre otras, deberían mediar en el conflicto de manera rápida y urgente, y comprometerse firmemente para conseguir un alto el fuego a corto plazo y el establecimiento de negociaciones de paz a largo plazo.


Necesitamos una resolución inmediata del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que condene por un lado el uso desproporcionado de la fuerza por parte del gobierno israelí y por otro los ataques indiscriminados con misiles de Hamas. Ésta debería exigir una tregua inmediata, absoluta y permanente, así como el fin del bloqueo para permitir el acceso de la ayuda humanitaria y mercancía, y la circulación de personas.


La política internacional en Oriente Medio no debería jugar con esta situación movida por sus propios intereses hasta que los habitantes de Gaza puedan comer, beber y moverse libremente con cierto grado de normalidad, y hasta que dejen de tener que esconderse asustados en sus casas preguntándose si sobrevivirán. De lo único que debe hablarse es de alto el fuego y paz, y las prioridades más apremiantes han de ser la seguridad y los derechos de los habitantes de a pie.