Familia de emigrantes sirios comparten casa,  Líbano. Foto: Caroline Gluck/Oxfam
No es raro que familias de hasta 20 miembros vivan agrupadas en dos o tres habitaciones.

Las duras condiciones de los refugiados sirios en el Líbano

“El principal problema es la falta de dinero. No tenemos ni lavadora, ni frigorífico, ni gas, ni provisiones para el invierno”
Hanaa
Refugiada siria

Fíjate en las manos de las mujeres casadas que han huido de Siria para refugiarse en el vecino Líbano. Verás que casi ninguna de ellas lleva joyas.

Muchas familias huyeron de los combates en Siria con poco más que la ropa que llevaban puesta.

Desesperados, traumatizados y con necesidades urgentes, las familias tuvieron que vender lo que tenían para salir del país, encontrar un piso o un espacio para vivir y comprar alimentos, incluso si eso significaba tener que vender el anillo de bodas u otras joyas de oro.

Fatena vivía en el campamento de refugiados palestinos de Yarmuk (en Siria). Empieza a llorar mientras me cuenta la historia de su familia. La mayoría de los habitantes del campo, cerca de Damasco, huyeron cuando los violentos enfrentamientos entre combatientes pro-régimen y militantes rebeldes aumentaron peligrosamente.

Su familia pagó 400 dólares por un coche hasta la frontera libanesa. Llegaron el día de Nochebuena. "El conductor se aprovechó de nuestra miserable situación y pidió mucho más dinero de lo normal", dice con amargura.

 Caroline Gluck/Oxfam

Lo mismo pasa con los alquileres. Con una afluencia de más de 200.000 refugiados (registrados y no registrados) que llegan al Líbano, los precios de alquiler en los edificios más modestos  ha aumentado de dos a tres veces en muchas zonas ya que los propietarios se han estado aprovechando de la fuerte demanda.

Ante esta situación, Fatena tuvo que vender sus joyas, incluyendo su anillo de bodas, para pagar lo básico. "Esto no sirve para nada. No es oro, sólo una chuchería ", dice señalando un bonito anillo en su dedo, "No sirve para nada".

A salvo pero sin recursos

A salvo en el Líbano, las familias deben preocuparse por su futuro. La mayoría han logrado pagar el alquiler inmediato pero no tienen dinero para pagar los meses siguientes. Sus casas, que muchas veces no son más que plazas de garaje, suelen ser húmedas, sin calefacción y sin amueblar.

No es raro que familias de hasta 20 miembros vivan agrupadas en dos o tres habitaciones. Les preocupa cómo pagaran la comida y la calefacción, cuando muchos de ellos no pueden encontrar trabajo. Les preocupa la salud de sus hijos, a menudo resfriados o con infecciones bronquiales. Les preocupa si sus hijos tendrán alguna vez la oportunidad de ir a la escuela.

El costo de vida en el Líbano es mucho más alto que en Siria. La vida diaria es una lucha, aunque muchos vecinos y familiares prestan a los recién llegados lo poco que tienen como mantas, utensilios de cocina y alfombras.

Oxfam y sus socios han estado distribuyendo mantas y colchones a algunas de las familias más necesitadas durante el que ha sido el peor invierno en 20 años.

La familia de Hanaa es una de las beneficiarias de esta ayuda. A pesar de sus dificultades, se ríe y bromea mientras explica como arreglaron el hogar donde ahora viven. Tres familias (un total de 15 personas) comparten un par de habitaciones y esperan a más parientes que están en camino.

Viven en un edificio antiguo, con corrientes de aire y sin calefacción. Las filtraciones del agua de lluvia han dejado grandes manchas de humedad en las paredes despintadas. Y en el cuarto de baño, se ríe haciendo una mueca, hay ratas.

"Nuestro principal problema es la falta de dinero. No tenemos lavadora, ni frigorífico, ni gas, ni provisiones para el invierno. No hay comida ni manera de encontrar un trabajo ", dice.

 Caroline Gluck/Oxfam

Una de sus parientes, Alaa, atiende a su hijo de cuatro meses. Es profesora de inglés pero ni ella ni su marido han podido encontrar trabajo. Nos cuenta que sus dos hijos están enfermos y tienen mucha tos. Por las noches, todos se acurrucan pegados unos de los otros para mantener el calor.

"Vivir aquí es muy caro", se lamenta, "pero tengo la esperanza que las cosas irán mejor, que podremos volver a casa y se terminará la violencia. En Siria, nos acostumbramos a vivir como reyes pero aquí somos como mendigos. Pedimos ayuda a la gente y esto nos está matando: nos sentimos muy avergonzados”.

Fuera, en el patio, juegan los niños de la familia. Tienen palos de madera que utilizan como rifles y apuntan como si se disparasen unos a otros jugando a las guerras. Todos tienen menos de diez años. Son demasiado jóvenes para haber presenciado las atrocidades de la guerra, pero están claramente marcados por lo que han visto.

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