Decisiones difíciles para los trabajadores del textil tailandeses

Como uno de los mayores exportadores del sector textil, Tailandia recibió un duro golpe con la caída de la demanda mundial de ropa y calzado. Expertos del sector advierten de que la crisis económica mundial podría hacer que Tailandia perdiera hasta 1 millón de puestos de trabajos en el textil para mediados de 2009.

Dow Punpiputt, responsable de comunicación de Oxfam en Tailandia, visitó a algunas mujeres que habían perdido sus puestos de trabajo. Y esto es con lo que se encontró:

El sol casi se había puesto cuando el llegó, y el cielo estaba encendido en naranja. Había una sensación de abandono y vacío que envolvía el lugar. La cantina estaba desierta y parecía que no había estado en funcionamiento durante mucho tiempo. Había una polvorienta cinta plateada donde se leía “Feliz Año Nuevo” y que pendía de uno de los mostradores sin uso que estaban allí. Había un grupo de mujeres sentadas en un círculo esperando por nosotros.

Una de ellas señalaba en la dirección de un ruinoso bloque de apartamentos. “Aquí antes vivíamos 500 trabajadores”, explicaba. “Ahora sólo quedamos 65 personas, incluyendo a 14 niños”.

Estas mujeres solían trabajar en una cercana fábrica textil. La empresa era la propietaria de estas viviendas que tenía a disposición de los trabajadores, pero la mayoría se volvieron a su lugar de origen cuando se enteraron del cierre de la fábrica.

Y aunque el futuro se anuncia incierto, volver a su lugar de origen no es una opción para este grupo de mujeres que se quedaron aquí.

“No hay nada para nosotras en casa”, confesaba una de ellas. “Aquí tenemos amigos, en cambio, en la ciudad de donde yo vengo la gente no me conoce y yo apenas los conozco”.

Aunque las familias de algunas de ellas tienen tierras, estas mujeres han trabajado como operarias en fábricas durante más de 20 años, por lo que no poseen los conocimientos ni la experiencia necesaria para poder vivir de la agricultura.

Como señalaba otra de estas trabajadoras, Benjawan Marongthong: “Mi madre tiene tierras en las que cultivaba caña de azúcar, pero ahora es demasiado vieja para hacerlo. Sus tierras están inundadas y no hay nadie que pueda hacerse cargo de ellas”.

Muchas de estas mujeres sólo recibieron la educación primaria o incluso menos que eso. Si vuelven a su lugar de origen sólo podrán encontrar trabajos no cualificados y ganarán menos de 100 baht (unos dos euros y medio) al día.

“Si vuelvo para ocuparme de las tierras de mi familia, tendré que contratar a alguien y pagarle 100 baht al día para hacerse cargo de mis hijos”.