Agricultores en plena cosecha de arroz, Astuare,Ghana. Credit: Chris Young/Oxfam
Agricultores en plena cosecha del arroz, Ghana.

La historia de Al-Hassan, Ghana

En el mercado de Tamale, al norte de Ghana, los coloridos puestos de frutas y verduras muestran un ejemplo flagrante de las reglas amañadas que imperan en el mercado mundial del comercio de arroz. Las comerciantes anuncian con entusiasmo la venta de arroz local cultivado en ciudades del país. Sin embargo, tienen que competir para que los clientes no sucumban ante las tiendas llenas hasta el techo de sacos de arroz blanco proveniente de EE.UU., Tailandia o Vietnam.


A 15 Km., en la ciudad de Zugu, Al-Hassan Abukari lleva 30 años cultivando arroz en menos de una hectárea de terreno. Su producción anual, que ronda los 27 sacos de 100 Kg. cada uno, representa el 60% de los ingresos familiares. “El maíz y el mijo son los alimentos básicos para nuestra subsistencia, pero el arroz es el cultivo más importante ya que lo vendemos para pagar todo lo que necesitamos en casa”, cuenta Al-Hassan. Con nueve sacos de arroz paga la escolarización de sus hijos Yakubu y Adamu, de 18 y 10 años respectivamente. Cuando Adamu tuvo disentería el año pasado, tuvieron que gastar otro saco más para pagar el transporte, los gastos de hospital y los medicamentos.


Los agricultores como Al-Hassan necesitan desesperadamente aumentar sus producciones y sacar un mayor rendimiento al arroz que cosechan. Para ello, es necesario invertir en sistemas de riego, formación para agricultores, instalaciones mejoradas para la trilla y la molienda y un mercado que esté dispuesto a pagar un precio razonable. Al-Hassan y otros vecinos de la aldea han creado una cooperativa para comercializar sus cosechas de manera conjunta, pero la perspectiva no es muy alentadora.


En respuesta al incremento de las importaciones, el gobierno de Ghana había planeado subir los aranceles sobre el arroz de un 20 a un 25% en 2003. El FMI bloqueó esa subida mediante acuerdos furtivos. Ahora Al-Hassan teme por lo que pueda pasar. “Si el arroz importado baja más de precio, el mercado de arroz local se paralizará por completo. Incluso con los aranceles de importación que tenemos ahora, el panorama al que nos enfrentamos es desolador”, explica. “Si no vendemos nuestro arroz, no podremos comprar fertilizantes ni otros productos necesarios, así que acabaremos sin cosechas que vender”.


Para millones de agricultores como Al-Hassan en África, Asia y América Latina, el cultivo del arroz es su única esperanza para salir de la pobreza. No obstante, los productos importados están acabando con sus expectativas de un futuro mejor.