Sacos de algodón listos para ser exportados en Perú.  Autor: Renato Guimarães/Oxfam
¿Porqué son tan importantes?

Los acuerdos de libre comercio (TLC) en profundidad

Las negociaciones comerciales entre países ricos y pobres se han convertido en acuerdos comerciales regionales y de país a país, conocidos generalmente como acuerdos de libre comercio (TLC). Los TLC se negocian entre países ricos y pobres, forzando acuerdos poco razonables y con reglas injustas que dejan a los países pobres sin el tiempo o el espacio necesarios para conseguir unas reglas de comercio favorables para sus habitantes.

Los EE.UU. y la UE siguen adelante con este enfoque poco sistemático del sistema de comercio. Los países pobres, al no contar con una “ventaja numérica” que tenían en las negociaciones de la OMC, tienen muchas más probabilidades de aceptar aunque sea forzosamente las peticiones irracionales de los países ricos.

¿Cuál es el problema de los acuerdos de libre comercio?

 

Los acuerdos comerciales regionales entre países de igual condición pueden ser positivos y beneficiar a todas las partes implicadas. Sin embargo, el problema surge cuando los acuerdos tiene lugar entre países ricos y pobres. A menos que las negociaciones se lleven a cabo teniendo presente la paliación de la pobreza, los intereses de la economía más fuerte serán los que prevalezcan. Por desgracia, en muchos ACR los países ricos utilizan su superioridad en las negociaciones para exigir condiciones que nunca obtendrían ante la OMC.

Un acuerdo de libre comercio regional hace que desaparezcan las barreras impuestas al comercio y a la inversión extranjera.

Esto significa que las economías más pobres no pueden utilizar los aranceles de importación para proteger sus sectores de actividad emergentes ni a sus agricultores de la avalancha de importaciones a bajo precio. Los agricultores pobres ven cómo sus producciones pierden competitividad ante los bajos precios de los productos importados, y las pequeñas industrias se hunden al no poder competir con las grandes empresas de los países ricos.

Por ello, los países pobres se ven forzados a adoptar nuevas normas en áreas como la provisión de servicios, la inversión o la protección de la propiedad intelectual que acaban mermando su capacidad de establecer políticas nacionales que les permitan satisfacer sus necesidades específicas de desarrollo. En consecuencia, los acuerdos de libre comercio entre partes en condiciones desiguales no contribuyen a que los países pobres salgan de la pobreza.