Más de un millón de personas necesitan ayuda urgentemente
Cambio climático: la tierra es la vida en Sudáfrica
Llevar comida a la mesa puede ser un desafío en Sudáfrica, donde se celebra estos días la conferencia sobre el clima de Naciones Unidas. Para muchos surafricanos y surafricanas, puede ser una preocupación diaria.
Las mujeres son especialmente vulnerables a los impactos del cambio climático. Los inesperados cambios en los patrones de las temperaturas complican el acceso de familias enteras al agua y a la comida.
Para poner de manifiesto todas estas dificultades, Oxfam inauguró en Durban una exposición de fotografías donde las agricultoras locales muestran el impacto del cambio climático en sus comunidades.
Fotos: Matthew Willman/Oxfam Australia
Miembros de la cooperativa Green Leaves que limpian y empaquetan la producción de champiñones Shiitake. Esta cooperativa le ha brindado a Margaret la oportunidad de producir alimentos y conseguir ingresos para su familia, derribando mitos como el de que los agricultores a pequeña escala no son productivos, ni capaces de adaptarse a los métodos contemporáneos de cultivo.
En una encuesta reciente realizada por el proyecto Women on Farms, el 57% de los hogares confesaban que “pasan hambre de manera regular”, y entre los que pasan hambre, las mujeres ganan por mayoría aplastante. Muchos de los miembros de la cooperativa afirman que comen poco o nada, y aunque hay diversas razones para explicar esto, el impacto del cambio climático es un factor que se cree contribuirá al aumento del hambre.
Margrieta se sumó a la cooperativa Green Leaves en el año 2009. Antes era una persona muy tímida, pero ahora rebosa confianza gracias a la ayuda aportada por la organización asociada, Women on Farms. Y tanta es su confianza, que Margrieta se convirtió en una pieza clave a la hora de ejercer presión en el contexto municipal para reclamar las tierras donde la cooperativa cultiva una huerta y desarrolla su negocio de champiñones Shiitake.
Pieter Smit pertenece a una tercera generación de agricultores y posee su propio viñedo, además de gestionar otros. Afirma estar “realmente” preocupado sobre el futuro, debido al aumento de los efectos del cambio climático. Los actuales inviernos más cálidos hacen que los agricultores tengan que adaptar la tierra a las nuevas condiciones realizando ensayos y utilizando la irrigación por goteo. Pero muchos de los pequeños agricultores no pueden permitirse utilizar este tipo de sistemas.
Aunque muchas de casas de la gente que vive aquí están hechas de desechos de hojalata y sobrantes de madera, se sienten orgullosos de su comunidad y hacen todo lo que está en sus manos para enviar a los niños y niñas al colegio y procurar alimentos para que no pasen hambre. Muchas mujeres se sienten orgullosas de que Margaret Plaatjie sea ahora miembro de la cooperativa Green Leaves, ya que un caso como el suyo da esperanzas a las mujeres que no disponen de muchas oportunidades en Rawsonville.
En la parte exterior de una “casa” sin ventanas hecha de paneles de hierro corrugados, donde vive con su marido y dos hijos pequeños, Margaret Plaatjie nos explica qué es lo que hace para llegar a fin de mes. Una semana cualquiera en su vida “no es nada fácil”. Mis “ingresos son raquíticos y los gastos que tengo elevados”. Y esta situación es así independientemente de que sus padres y maridos tengan empleo, y de que ella trabaje en la cooperativa cinco días a la semana.
Margaret sale a las siete de la mañana cada día para trabajar en la cooperativa, de forma que llega para empezar a las ocho. Y si a eso le sumamos las tareas de limpieza y el cuidado de su familia, sus días se hacen eternos. Además, ha sembrado una huerta de comestibles en la parte trasera de su casa. Espera poder cultivar más vegetales que complementen la dieta de la familia o que pueda intercambiar con otros hogares, pero su huerta no es muy productiva.
Dorothea alimenta con un complemento dietético llamado “pap” a los dos hijos de una joven madre de su comunidad que trabaja como jornalera en el campo.“Es madre soltera y tiene tres niños”, explicaba Dorothea. “Las cosas no son fáciles para ella porque no tiene marido, y tiene que alimentar a sus hijos, además de trabajar por un jornal en el campo".
Dorothea Skippers posa delante de los alimentos de que dispone su familia para dos semanas. “Tengo 69 años y vivo aquí en una pequeña comunidad de Alartkraal], con mi hija pequeña. Ella tiene tres niños y su marido comparte techo con nosotros. Procurarnos alimentos es el mayor reto al que nos enfrentamos, ya que no generamos muchos ingresos en casa”.
Margrieta Pietersen vive con su marido, su madre y su hija en una casa que les cede la explotación agrícola donde trabaja su marido. Conseguir alimentos suficientes es siempre una batalla para su familia. Y al igual que les ha pasado a muchas otras mujeres que han entrado en la cooperativa Green Leaves, la confianza de Margrieta y su capacidad de lucha y defensa en pro de los derechos de los trabajadores ha aumentado enormemente. Ahora desempeña una importante función como líder en su comunidad.
Josephina vive con su marido y sus cinco niños. "El abastecimiento de agua es un problema grande para nosotros como familia, y tenemos que caminar lejos para conseguir llevar agua a casa. E incluso si preparo mi huerta o planto los vegetales, tengo que esperar a que lleguen las lluvias para regar las plantas. Es todo un reto, pero tengo que cuidar de la huerta para llevar alimentos a la mesa para mi familia”.
La familia de Josephina vive en una casa cedida por el dueño de una explotación agrícola, y su permanencia en ella depende de él. “El mayor problema para mí y mi familia es no tener abastecimiento de agua en casa, y por supuesto no tener alimentos suficientes tampoco”.
“Cuando podemos trabajar tenemos comida en casa, pero cuando llueve no cobramos, por lo que no podemos conseguir tantos alimentos para mi familia”, explicaba Josephina. “Si no tenemos que comer, entonces le pido alimentos a otras mujeres por si ellas me pudieran ayudar… y la gente está dispuesta a compartir dentro de la comunidad”.
Un agricultor cultiva trigo, en un día de invierno. “En Sudáfrica no se vive una crisis alimentaria de manera uniforme, y de hecho exportamos alimentos”, explicaba Colette Solomon, directora asociada de Women on Farms. Además de las repercusiones del cambio climático, Colette señala “el fracaso de los gobiernos a la hora de que los alimentos sean asequibles para los pobres” como uno de los principales fenómenos que contribuyen a la perpetuación del hambre.
La cooperativa Agri Dynamic Women ha conseguido permiso para el cultivo de vegetales en tierras que le sobran a la escuela primaria local. Además de complementar la dieta de los miembros de la cooperativa y de sus familias, esta huerta produce alimentos frescos para la escuela y sirve de actividad educativa para los niños que van a ella.
“En nuestra comunidad, e incluso entre nosotros y nosotras, hablamos sobre el tiempo, sobre cómo cambia tan de repente”, explicaba Gertruida. En aras de adaptarse a estos cambios extremos de temperatura, la cooperativa ha creado su propia “parcela de ensayo” en la que prueban diferentes métodos de cultivo.
“El clima ya no es lo que era”, explica Pam Mitas. “Si miramos atrás, hace años teníamos abundantes lluvias y era posible distinguir una estación de otra. Pero ahora todo ha cambiado.Tengo un ciruelo y ahora en el mes de agosto debía estar descansando, pero de repente le salieron brotes, y eso para mí es un fenómeno inaudito. Realmente resulta difícil de entender”.
Gracias a la ayuda de Women on Farms, los miembros de la cooperativa Agri Dynamic esperan algún día poder tener sus propias tierras. “Somos un equipo”, explica Pam Mitas. “Si piensas sobre el camino que tenemos que recorrer, sin duda es una gran distancia, pero mientras caminamos hacemos chistes, nos reímos y nos olvidamos del camino. Tomamos decisiones conjuntamente y nos damos apoyo unas a otras como hermanas”.
Lena Baadjies vive con su madre, su padre, su tía, dos primos y sus dos hijos. “No sueño con ser rica en un futuro. Sólo quiero ser ese tipo de mujer que pueda interceder por y ayudar a otras mujeres porque yo vengo de un lugar donde necesitábamos a alguien así, y en un futuro querría ser esa persona que dé un paso al frente y ayude a otras personas”.
Lena vive con 10 personas más, entre ellas su nieto Cheswyn. Se levanta a las 5 de la mañana y camina cuatro kilómetros para trabajar en las huertas de la cooperativa. Después vuelve entre las 4 o las 5 de la tarde, y aún tiene que hacer la cena, lavar y limpiar. También trabaja como activista de campañas por la defensa de los derechos laborales y contra los desahucios, todo ello sin dejar de tener presente el temor a no poder conseguir suficientes alimentos para su familia.
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