En el aula, los alumnos se concentran en la lección durante la clase
En el aula, los alumnos se concentran en la lección durante la clase

República Democrática del Congo: Un proyecto de Oxfam para mejorar la escuela primaria involucra a toda la comunidad.

La diversidad en las respuestas de los niños de este proyecto me demuestra que “trabajamos con los demás para superar la pobreza y el sufrimiento”, y que la escuela y la comunidad toman parte activa en nuestros proyectos.


El 3er curso de la escuela primaria KIMBANSEKE VI cuenta con 37 alumnos en un día en el que está presente toda la clase, además de un profesor asistente y el profesor principal. Lo descubro al conocer a Alphonse BUZOBA, que es el profesor principal de esta clase desde hace 4 años, y que lleva 44 años dedicándose a la enseñanza en escuelas.


Sobre las 11:30, Alphonse me presenta a la clase. Todos los alumnos están sentados sobre el suelo de cemento gris, excepto un grupo de seis chavales al final de la clase, que están sentados en los dos únicos pupitres del aula. Parecen ser los mayores de la clase.


En mi conversación con cada pareja de alumnos, les hago preguntas sencillas que sé que podrán contestar
“Mi nombre es Yao”, digo para empezar. “Saco unas fotos con mi cámara. ¿Cómo os llamáis vosotros?
“Mi nombre es Makitu”.
“Mi nombre es Kesu”.


 “Cuando sea mayor, quiero ser comerciante”, responde Makitu.
“Yo quiero ser mecánico cuando sea grande”, contesta Kesu.
Continúo hablando con los chicos de la celebración de fin de año y les pregunto si saben lo que es. Ambos dicen que sí, aunque Makitu parece más convencido.


 “Mi madre me compró ropa”, dice Makitu.
“A mí no me compraron nada”, confiesa Kesu, que no parece avergonzado.


No puedo decir que la respuesta de Kesu me haya hecho ver de repente la pobreza existente en la comunidad a la que pertenece Kimbanseke VI o que antes no fuera consciente de la pobreza que afecta directamente a una escuela que hace seis meses no tenía un suelo de cemento, una pizarra, pupitres, cuadernos o libros de texto.


En el tiempo que estamos compartiendo hoy, puedo asegurar que las palabras de Kesu no pasan inadvertidas para mí al preguntar “¿Se celebra el año nuevo con cosas nuevas… cosas diferentes? ¿Hay algo nuevo en la escuela?”
Kesu contesta, “Arreglaron los baños y la escuela. Ellos pusieron un techo nuevo”.
“¿Quiénes son ‘ellos’?” Pregunto en voz alta.
“La gente”, dice Kesu.
“Claro, la gente”. Hago una pausa antes de la siguiente pregunta. "Pero, ¿qué gente?"
“¡Oxfam!”
“¿Sólo Oxfam?”
“Y los albañiles”, dice Makitu tras unos segundos de reflexión.


Más tarde y ante la misma pregunta, dos niñas del 3er curso de Alphonse (Lioni de 8 años y Matondo de 7) nombran al director de la escuela como el autor de las reformas. La diversidad en las respuestas de los niños en general me demuestra que “trabajamos con los demás para superar la pobreza y el sufrimiento”, y que la escuela y la comunidad toman parte activa en nuestros proyectos.


 “¿Cómo se mantendrá la escuela limpia y bonita a partir de ahora?” Digo en tono de duda.
“La vamos a limpiar y a barrer”, responde Lioni con entusiasmo.


Durante el recreo, observo a los niños jugando en el campo de arena situado al lado de la escuela y repaso mentalmente la charla que acabamos de mantener. Hay ciertas verdades que los niños compartieron conmigo y ante las que no reaccioné en el momento, pero sobre las que ahora puedo reflexionar. “Si no tengo que hacer ningún recado, estudio mucho”, dijo Kesu. “¿Escuela secundaria? No creo [que vaya], porque la matrícula es muy cara. Mi hermano mayor llegó hasta 6º curso y después tuvo que dejarlo”, siguió diciendo.


De hecho, en la República Democrática del Congo, sólo el 52% de los niños en edad escolar van a la escuela, y 75% de ellos abandonan antes del 5º curso.