Zahir Ali. Crédito: Jane Beesley/Oxfam
Zahir Ali afuera de su casa, que se salvó y se ha reconstruido temporalmente dentro del refugio contra las inundaciones

Bangladés: Una comunidad preparada para enfrentarse a las inundaciones

Los miembros del comité de refugios contra las inundaciones afuera de sus refugios recién construidos

Llegamos al refugio local contra inundaciones, lo que solía ser la escuela y espacio comunitario cuando no había inundaciones, y su carácter temporal fue un duro recuerdo de lo rápido que cambian las condiciones de vida en esta zona. Mientras estamos allí, las conversaciones giran en torno al cultivo de vegetales, la vuelta al colegio, el acceso al mercado, etc. Pero cuando llegan las lluvias del monzón, las cosas cambian sustancialmente.

Cuando alguien habla de un “refugio”, la gente tiende a pensar en un lugar del tamaño de un pabellón de deportes o algo así, y este refugio (de 7 años y construido gracias a la ayuda de SKS) ocupa, de hecho, una zona inmensa y elevada. Está dispuesto en una serie de viviendas de chapa corrugada (con paneles solares en el techo) y sirve como escuela, centro de salud, servicios y además de poder albergar hasta 55 familias y su ganado cuando se producen inundaciones.

Los miembros del comité se reúnen para discutir el uso de los refugios contra las inundaciones

Teniendo en cuenta que las inundaciones pueden durar más de un mes, no se puede subestimar la importancia de contar con este refugio con el que salvar la vida de personas, el ganado, preservar los medios de vida y dar a las personas algo que se parezca a una vida normal.

“La primera inundación de 2007 no duro mucho pero la última que hemos tenido duró 45 días”, dice Abu Bakar Sidique, el tesorero del comité de refugios contra las inundaciones. “Por lo general, no suelen durar más de 15 o 20 días. La segunda inundación asoló por completo la cosecha de arroz y no hubo ni una familia que pudiera recoger un grano de arroz, por lo que ahora sólo cuentan con la ayuda y provisión de alimentos externa”.

El tesorero del comité de refugios contra las inundaciones, Abu Bakar Sidique

“Antes de la última inundación, recibimos un aviso por radio y convocamos una reunión de emergencia. Después comunicamos las noticias a las otras aldeas cercanas con la ayuda de un megáfono. Llevamos un registro de las pertenencias y bultos que traía la gente que iba llegando y distribuimos lonas de plástico para que pudieran hacerse un cobijo temporal en la zona, separando a al ganado y las aves”. Los voluntarios de otras aldeas de la localidad emprendieron las labores de rescate de personas y ganado varados por las inundaciones con la ayuda de botes.

Cuando nos despedimos de Abu, nos da la sensación de que aquí se está hablando de algo mucho más grande y que, aunque no se verbalice, se trata del cambio climático, el mismo que hace que el trabajo en la cuenca del río sea más importante que nunca. “Las estaciones han cambio por completo. Cuando éramos más jóvenes, nunca vimos unas inundaciones tan devastadoras como éstas. En el pasado la temperatura era más previsible pero las estaciones se están superponiendo las unas a las otras. La inundación duro tanto tiempo la última vez que nos perdimos las estación de la siembra”.

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