Mujeres descargando gravilla de las carretillas. Crédito: Oxfam
Mujeres descargando gravilla de las carretillas

Sudán: La historia de Zeinab entre la gravilla

“Antes de que interviniera Oxfam, teníamos que usar las manos”, dice Zeinab, recolectora de gravilla del distrito de Sadagha. “Recogíamos la gravilla y la metíamos en contenedores de plástico que debíamos transportar sobre la cabeza. Como sólo podíamos llevar uno de cada vez, teníamos que hacer muchos viajes. Nos reunimos en un comité para contarle nuestros problemas a Oxfam. Nos dieron palas para recoger la gravilla y carretillas para transportarla. Ahora el trabajo es mucho menos agotador”.

Puerto Sudán es una de las zonas más calurosas de un país extremadamente caliente, donde la temperatura puede alcanzar los 50º C en verano, por lo que las mujeres no pueden pasar el día entero fuera de casa.

“El resto del año es incómodo trabajar con este calor. Pero en verano es insoportable y además peligroso”, dice una de las recolectoras. “En este momento no podemos trabajar fuera todo el día así que debemos encontrar otro modo de ganarnos la vida”.

En el caso de Zeinab, esto significa vender helados que transporta en una pequeña caja llena de hielo. Al no tener electricidad en la zona, resulta realmente difícil mantener la comida y la bebida frías, además de encontrar un lugar donde poder refrescarse. Por todo ello, a una mujer que vende helados y bebidas frías no le faltan clientes.

“Los niños son los mejores clientes. A todos les encanta el helado”, afirma.

Oxfam enseña a estas mujeres recursos útiles a los que recurrir en la época estival cuando ya no pueden dedicarse a la recogida de gravilla. A través de las asociaciones de mujeres, Oxfam también ofrece préstamos para fundar nuevos negocios.

Mientras Zeinab vende helado, otras mujeres se dedican a vender carbón vegetal de puerta en puerta o instalan pequeños tenderetes para la venta de té. Como en los meses de verano los niños están de vacaciones y no van a la escuela, algunas mujeres cocinan y venden taamia, un tipo de falafel sudanés, que fríen en grandes sartenes en la puerta de sus casas, a la vez que cuidan de su familia mientras trabajan.

Por desgracia, la competencia en esta parte de Puerto Sudán es feroz pues miles de mujeres buscan el modo de llegar a fin de mes. Cuando el tiempo refresca un poco, teniendo en cuenta que en términos del este de Sudán en invierno puede hacer “tan sólo” 30º C, Zeinab, Nafisa y las demás vuelven a los campos de gravilla.

Es un trabajo muy duro y solitario, pero sirve para mantener a la familia y financiar los estudios de las próximas generaciones, para que éstas tengan mejores oportunidades de ganar un buen sueldo.