Kawsar Abdillah atiende a su bebé de cinco meses
Kawsar Abdillah atiende a su bebé de cinco meses

Filipinas: Cuando el agua salva vidas

“El agua del pozo sabe a agua de manantial, está fresca y limpia”
Kawsar Abdillah

Gracias al trabajo de Oxfam para conseguir agua potable y buenas prácticas de saneamiento, la comunidad dispone de agua limpia para beber directamente del pozo, aunque lo más importante para los vecinos de la aldea son los “conocimientos” que les aporta Oxfam.


¿Hay alguien que pueda solucionar los problemas del agua? Mire donde mire, veo problemas de agua y gente en peligro por su causa, como en mi país, Filipinas. Aquí, he sido testigo de la escasez de agua potable en las zonas rurales. En la aldea de Lipao, hace tiempo que el agua potable representa un problema.


Al llegar a Lipao, lo primero que veo es una pequeña avioneta fumigando la plantación de bananeros con fertilizantes y pesticidas químicos. Para los habitantes del pueblo, estos productos suponen un riesgo para la salud y ponen en peligro su medio de vida.


“El agua y la limpieza son dos graves problemas de nuestra aldea…” dice Zamora Abdillah, dirigente de Lipao de 40 años de edad. “Los productos químicos de los fertilizantes y pesticidas utilizados en la plantación están contaminando nuestras fuentes de agua, y son un peligro para nuestra salud y medios de vida. Incluso los niños hacen sus necesidades en cualquier lado”, continúa diciendo.


En 2006, mujeres, hombres y en especial niños acudían a diario al hospital municipal más cercano por problemas de diarrea, fiebre crónica o vómitos. Más de 10 personas murieron en tan sólo unos meses, la mayor parte de ellos eran niños. Se te encoge el corazón al ver cómo el agua se puede cobrar tantas vidas. Es realmente deprimente.


 “Los niños ahora están más guapos que nunca ya que están limpios y aseados”, añade el Sr. Abdillah. “Antes no les gustaba, pero ahora se pelean por llegar a la fuente de agua para lavarse. Además, saben que tienen que utilizar los baños. Ahora podemos recoger setas en cualquier parte porque tenemos la certeza de que son comestibles. Antes no lo hacíamos ya que crecían allí donde había excrementos humanos”.


Kawsar Abdillah, madre de dos niños y nuera del Sr. Abdillah, me enseña la fuente de agua que utilizaban antes. Tal y como me explica, a menos que el tubo del pozo estuviera como mínimo a 20 metros de profundidad, los excrementos humanos contaminaban fácilmente el agua.


“No queremos contradecir a Alá ya que Él hace que todo sea posible, pero en realidad creemos que las enfermedades tienen su origen en las fuentes de agua contaminadas”, dice Kawsar Abdillah.


Porta en sus brazos un bebé de 5 meses pequeñito y regordete. Antes solía traerle agua que compraba en las estaciones de agua, y la más cercana está a 3 kilómetros de Lipao. “Como antes no era seguro beber agua, no quería poner en peligro la salud o la vida de mi bebé. Aunque me gastara gran parte de nuestros ingresos, no me importaba hacerlo por él”.


Gracias al trabajo de Oxfam para conseguir agua potable y buenas prácticas de saneamiento, su bebé y otros 300 niños, además de mujeres y hombres adultos, disponen de agua limpia para beber directamente del pozo. Están seguros de que el agua del pozo está limpia y es potable. Además, las condiciones de limpieza de la zona también mejoraron mucho.


 “El agua del pozo sabe a agua de manantial, está fresca y limpia”, afirman Kawsar y los demás habitantes de Lipao.


Los lugareños me confesaron que los "conocimientos" que les aporta Oxfam son lo más importante para ellos. Tanto es así que tienen la convicción de que incluso sin Oxfam podrán seguir adelante y transmitir todo lo que han aprendido.
 

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