Más de un millón de personas necesitan ayuda urgentemente
Crisis alimentaria en Níger – Fotogalería
Las lluvias irregulares de 2009 han dado lugar a una grave falta de agua y a una pésima cosecha en Níger. Desde entonces, Oxfam está distribuyendo alimentos y utensilios de primera necesidad. También compra el ganado más débil a los pastores por encima del precio de mercado.
Varios hombres caminan con sus carros cargados de alimento para ganado. Cada uno vende el equivalente a la mitad de una bolsa de maíz, suficiente para alimentar a sus familias durante algo menos de una semana. A su regreso conseguirán más y harán otro viaje. ¿No hay animales en Simiri?, les preguntamos. "Sí, pero no hay dinero para comprar el pienso." responden.
Aissa Hassan (13) saca agua de un pozo en Niamey.
Vista aérea en la provincia de Maradi, Níger.
Debido a la escasez de alimentos para animales, muchos están desnutridos y su valor está disminuyendo rápidamente.
Muchos pastores emigran en busca de pastos para sus animales a lo largo de la carretera de Maradi de Dakoro.
Los pastores sacan agua de pozos profundos para su ganado en Amulesse cerca de Dakoro. Los niveles de agua son bajos y la gente espera que las lluvias lleguen pronto. Hassanne Baka, director de Aren, socio de Oxfam en la región, dice: "Si no conseguimos la ayuda que necesitamos vamos a perder 80% de los animales y habrá un gran movimiento de personas y eso significa muerte."
En Kakassi, la fuente del pueblo se ha quedado seca. Mujeres y los niños se acercan a la mitad del lecho seco del río todos los días para cavar en busca de agua. "No tenemos lugar para almacenar el agua en el pueblo por lo que vienen todos los días para encontrar agua para todas nuestras necesidades: cocinar, limpiar y beber. Todos se reúnen y hablan y hacen broma entre ellos. El río fluirá de nuevo durante la próxima estación de lluvias".
Los habitantes de Timbouloulag se han visto obligados por la escasez de alimentos a complementar su dieta con hojas recolectadas de la selva. Las hojas se remojan y se cocinan durante tres horas para romper las fibras y se mezclan con una consistencia de harina antes de comer.
"A veces si consigue suficientes hojas puedes venderlas en el mercado y comprar una pequeña cantidad de maíz con el dinero", dice Issibit Imissawa, uno de los aldeanos. "Pero la gente no siempre quiere comprar. Realmente no sé qué vamos a hacer", añade.
Niños compartiendo una comida.
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