Marine con su hijo Razmik
Marine con su hijo Razmik

Armenia: Una escuela para niños con discapacidad renueva la esperanza

“Al ver a mi hijo feliz, yo también lo soy”
Marine Tadevosyan

Razmik no podía caminar ni hablar con claridad como consecuencia de una parálisis cerebral que sufrió cuando era pequeño. Ahora, gracias al Centro de Desarrollo Infantil de Ljevan, sus habilidades cognitivas y su desarrollo mental son normales.


Marine Tadevosyan es la madre de Razmik, de siete años, un niño que se beneficia de los servicios ofrecidos por el Centro de Desarrollo Infantil de Ljevan. Son de una aldea cercana llamada Getahovit. Él es el único niño de la familia. Razmik sufre una discapacidad desde una edad muy temprana. Tiene parálisis cerebral infantil, por lo que no puede caminar ni hablar con claridad. Sin embargo, sus habilidades cognitivas y su desarrollo mental son normales así que la Sra. Tadevosyan lo lleva todos los días a la escuela y de allí al Centro de Desarrollo Infantil.


“Cuando descubrí la existencia del Centro, no quería llevar a mi hijo allí. No quería que nadie lo viera. Pensé que todos nos señalarían con el dedo y dirían que padece una enfermedad. De hecho, no le dejábamos salir de casa ni jugar con otros niños. Ya había asumido que mi hijo era diferente de los demás, y que era mi destino.


Cuando asistí a las clases de formación de adultos, descubrí que no estaba sola, y que mi hijo no era el único que tenía una discapacidad. Incluso me di cuenta de que había casos mucho peores de niños con dificultades mentales y de desarrollo, mientras que mi hijo era listo y muy inteligente”. Poco a poco, y gracias al programa de formación de adultos, Marine aprendió a superar los tópicos y llevó a su hijo al Centro. Desde ese momento, tuvo que dejar a un lado otras actividades y responsabilidades domésticas para poder llevar a Razmik al Centro casi a diario.


“Le gustan todas las clases, aunque le encanta cantar y dibujar. Al verle feliz a él, yo también lo soy”.


Nara Chibukhchyan es fisioterapeuta y lleva años trabajando en el Centro de Desarrollo Infantil de Ljevan: “Hay pocos fisioterapeutas en la región, aunque es una profesión con mucha demanda. Nadie quiere trabajar en la zona ya que casi todos los especialistas prefieren los centros de bienestar y salud”.


Sin embargo, Nara eligió quedarse en Ljevan y trabajar con niños en el campo de la educación especial. La tarea no es sencilla, y requiere mucho compromiso y esfuerzo. “Tienen que pasar varios meses hasta que empiezas a ver pequeñas mejoras. Pero al ver los resultados, te das cuenta de que es el mejor reconocimiento que podrías obtener por tu trabajo y esfuerzo, y eso se ve en los ojos de los padres y de los propios niños”.