Arthur Abrahamyan. Autor: Oxfam
Arthur Abrahamyan es undo de los beneficiarios que se unieron a los planes de salud de Oxfam en 1999.

Armenia: Una nueva vida para los refugiados

“Me llena de tranquilidad espiritual no tener que preguntarme qué hacer para alimentar a mis hijos.”
Arthur Abrahamyan
Refugiado

Arthur Abrahamyan, residente de la aldea de Shgharshik, en la región de Syunik, es un refugiado. Se fue de Baku hace 15 años escapando, a duras penas, de las masacres y dejando atrás todas sus posesiones y su apartamento.

Al buscar refugio en la aldea fronteriza de Shgharshik, situada en las montañas, a Arthur se le ofreció una vieja casa abandonada como vivienda. Allí se casó con Raisa Abrahamyan, otra refugiada del conflicto de Baku. Tuvieron que empezar de cero.

Estuvieron entre los primeros beneficiarios que se unieron a los planes de salud de Oxfam en 1999. Además de eso, Oxfam les facilitó materiales básicos de construcción que ayudaron a restaurar el tejado y el piso de la vieja casa que se les ofreció.

Ahora tienen 4 niños, de 10, 11, 13 y 15 años de edad y todos ellos van a la escuela. Apenas pueden ganar el dinero suficiente para cubrir las necesidades básicas de su familia. La única fuente de ingresos de la que disponen es la ayuda estatal, que se gasta pagando las facturas de agua y luz, además de pagar los libros para la escuela. Las frutas y vegetales que crecen en su huerta sólo cubren las necesidades básicas de la familia y Arthur no puede vender estos productos ya no que no los produce en cantidades suficientes.

Hace algunos días, Arthur recibió una vaca como una ayuda en forma de ganado y que es parte del programa de salud.

“Oxfam ha hecho un montón de cosas maravillosas por nuestra aldea. Gracias a Oxfam, hoy tenemos agua potable. Antes teníamos que traer agua del pozo. Hace algunos años nos trajeron árboles para plantar y ovejas para criar. Oxfam puso en marcha los planes de salud con los que se ha ofrecido una atención médica primaria para mi familia y para mí, desde hace 8 años ya. La enfermera nos da muchos ánimos. Además están los especialistas de la policlínica regional que pasan cada tres meses de visita a la aldea y controlan la salud de la gente. Esto es una gran ayuda para muchas personas que, de otra forma, no podrían costearse los gastos médicos, ya sea por el precio de los doctores o del transporte para llegar hasta ellos. Y hace poco, hemos recibido vacas que vienen de Oxfam. Esto es otra gran ayuda. Oxfam ha pensado en todo, incluso en una provisión de complementos para las vacas. Ahora, no sólo tendremos nuestra propia leche, sino también otros productos lácteos. Me llena de tranquilidad espiritual no tener que preguntarme qué hacer para alimentar a mis hijos”.