Filipinas

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Filipinas es un país formado por más de 7.000 islas aunque la mayoría de la población se concentra en sólo 11 de ellas. En las últimas décadas la economía filipina se ha deteriorado progresivamente, algo que han sufrido especialmente las clases más pobres del país. El caso más extremo es el de la Isla de Mindanao, la más rica en recursos minerales y agrícolas, pero en la que paradójicamente 7 de cada 10 familias viven bajo el umbral de la pobreza.

Es un país tradicionalmente oligárquico, con estructuras semi-feudales que persisten en la política y refuerzan los intereses de las élites de terratenientes. El mal gobierno ha contribuido a la persistencia de la pobreza. Debido a las condiciones desfavorables del país y aprovechando su profesionalidad y dominio del inglés, muchos filipinos y filipinas han migrado al extranjero. Esto provoca que la economía local sea muy dependiente del envío de divisas.

El 8 de noviembre de 2013, el tifón Haiyan, uno de los tifones más potentes que jamás haya tocado tierra, azotó Filipinas. Más de un millón de hogares productores de coco y 200.000 familias pescadoras –sectores caracterizados por sus pobres ingresos– se han visto afectados. Un año después de que el tifón Haiyan asolara Filipinas, y a pesar de la importante cantidad de ayuda humanitaria proporcionada, las familias aún siguen teniendo dificultades para encontrar los recursos necesarios para recuperar sus medios de vida, lo que incrementa el riesgo de pobreza en una región ya de por sí pobre. 

Oxfam en Filipinas

Durante el primer año de nuestra respuesta, hemos ayudado a más de 868.000 sobrevivientes en Leyte, Samar, y Cebu cubriendo las necesidades más inmediatas y a largo plazo de las comunidades afectadas. Desde el pasado noviembre de 2013, Oxfam ha invertido 23 millones de dólares (de un total de 60 millones que se invertirán en el marco de un plan de tres años) para ayudar mediante:

  • la provisión de agua apta para el consumo, letrinas comunitarias, bombas de agua y vales para la compra de alimentos y otros gastos domésticos;
  • la reparación y compra de barcos para la pesca;
  • la eliminación de escombros y cocoteros caídos;
  • y el establecimiento de aserraderos para convertir la madera caída en madera aprovechable.