Agnes, Mary y Angela, arriesgaron sus vidas para traer la paz a Kup
Agnes, Mary y Angela, arriesgaron sus vidas para traer la paz a Kup

Papúa Nueva Guinea: Un grupo de mujeres devuelven la paz a sus comunidades

“Teníamos que hacer algo. Alguien debía dar el primer paso”
Agnes Sil

Tras tres décadas de crueles y sangrientos enfrentamientos tribales, las comunidades de la región de las Tierras Altas de Papúa Nueva Guinea son unas fervientes defensoras de la paz.


En Kup, un distrito situado en las escarpadas montañas de la provincia de Simbu en Papúa Nueva Guinea, la paz llegó personificada en tres inspiradoras mujeres: Mary Kini, Angela Apa y Agnes Sil, miembros de tres tribus enemigas que arriesgaron sus vidas para restaurar la paz en sus comunidades tras tres décadas de enfrentamientos tribales.


“Antes había muchos conflictos tribales, mucho derramamiento de sangre y un gran número de muertes”, recuerda Angela.


Cuando tuvo lugar el peor enfrentamiento tribal de la historia en el año 1999, las mujeres decidieron tomar las riendas del asunto. Poniendo sus vidas en peligro si hubieran sido descubiertas, Agnes, Mary y Angela se reunían en secreto entre los arbustos o las estanterías de la tienda de ropa de segunda mano de los mercados locales para trazar un plan para restaurar la paz.


“Teníamos miedo pero teníamos que hacerlo. Ya habíamos perdido tanto… incluso a nuestros seres queridos”, explica Agnes. “Teníamos que hacer algo. Alguien debía dar el primer paso”.


Gracias a estos encuentros furtivos consiguieron movilizar a más gente y finalmente fundaron Mujeres de Kup por la Paz.


Una de las primeras acciones del grupo fue invitar a los líderes de las distintas tribus del distrito a una celebración denominada “bienvenidos a casa”. Las tribus trajeron comida y leña, se sentaron juntas para compartir una comida y finalmente izaron la bandera de la paz”.


En la actualidad, Kup goza de su séptimo año de paz y ha pasado de ser una comunidad con profundas divisiones y mala reputación por los enfrentamientos tribales en las Tierras Altas, a un ejemplo de paz y unidad.


“Quiero que mis hijos crezcan en un ambiente diferente al que yo viví”, dice Jerry Kai, miembro del comité directivo de Mujeres de Kup por la Paz. “No quiero que estén en contacto con la violencia”.


Oxfam colabora con Mujeres de Kup por la Paz ofreciendo formación sobre justicia reparadora, mediación comunitaria, liderazgo, derechos humanos, igualdad de género y obstetricia, y además ha participado en la instalación de tanques para recoger el agua de la lluvia y de un sistema de suministro de agua sin bomba. Por otra parte, ha proporcionado los materiales básicos necesarios y la formación para implantar medios de vida que ofrezcan a grupos de alto riesgo, en especial a jóvenes o personas con antecedentes de violencia, alternativas productivas a la violencia y el crimen.


En julio del año pasado un joven murió a causa de un disparo y dos resultaron heridos graves en los días previos a las elecciones nacionales del 2007. En circunstancias normales, este incidente habría ocasionado enfrentamientos generalizados entre tribus. En este caso no fue así. El grupo de Mujeres de Kup por la Paz intervino y gracias a su mediación pudo negociar una solución pacífica al conflicto.


En otra ocasión, cuando estalló la violencia en la frontera de la provincia de las Tierras Altas Occidentales, los miembros del grupo de Mujeres de Kup por la Paz acamparon durante dos semanas en el campo de batalla entre los dos clanes enfrentados, y utilizaron un megáfono para pedir la suspensión de las hostilidades y reclamar la restauración de la paz. Finalmente, los clanes decidieron poner fin a los enfrentamientos y pidieron al grupo de mujeres la negociación de un acuerdo de paz y compensaciones económicas.


La restauración de la paz en Kup también significó la recuperación de los servicios básicos; ahora hay ocho escuelas, un centro hospitalario y de salud, una comisaría e incluso una antena de telefonía móvil. Los habitantes de Kup ahora pueden transitar libremente por tierras de tribus enemigas, ciudades, escuelas y otros lugares a los que antes era imposible acceder. Ya no viven con la sombra del miedo.