Niños en la escuela Kalaivani M.V. Kurukkalmadam. Crédito: Toos Bierhoff/Oxfam
Niños en la escuela Kalaivani M.V. Kurukkalmadam

Sri Lanka: Del escenario a las clases

“En el encuentro con la RUFD, les estaba muy agradecido por sus esfuerzos y estaba decidido a conseguir plazas en las escuelas públicas para los niños”
Secretario de Educación Local

Las zonas productoras de té situadas en las montañas del suroeste de Sri Lanka y son lugares geográfica y socialmente aislados. Sus habitantes apenas tienen contacto con la gente “del exterior”, por lo que desconocen sus derechos y carecen de acceso a servicios, recursos o información.

Esta situación se perpetúa de generación en generación. Muchos padres nunca han ido a la escuela y no ven la importancia de ofrecer una educación a sus hijos, sobre todo en el caso de las niñas. Por ello, las niñas suelen colaboran en casa vigilando a sus hermanos pequeños o haciendo las tareas domésticas, ayudando a sus padres en las plantaciones o trabajando en tiendas o como criadas domésticas para ganar algo de dinero desde los 10 años. Por si fuera poco, muchos niños no tienen la partida de nacimiento que necesitan para asistir a las escuelas públicas ni el dinero para desplazarse hasta las escuelas tamil situadas a más de 15 km.

Oxfam Australia trabaja conjuntamente con su socia local, la Fundación del medio rural (Rural United Foundation o RUFD) de Deniyaya, para resolver la situación. La RUFD creó una escuela “alternativa” dirigida a 30-45 alumnos de las zonas productoras de té del área de Deniyaya para enseñarles a leer, contar y nociones básicas de gramática en lengua tamil y sinhala. Asimismo, les dieron clases de música, baile y teatro para concienciar a la comunidad de los derechos de los niños a la enseñanza y a recibir un tratamiento igualitario.

En diciembre de 2006, los niños realizaron su primera actuación en público ante una audiencia entre la que se encontraban padres, el secretario de educación local y otros miembros destacados de la comunidad. El objetivo de la actuación era hacer ver a los padres la importancia de apoyar la educación de sus hijos, superar las barreras que lo impedían y ofrecer a los niños un vehículo de expresión.

En el debate que siguió a continuación, Kamala Candía dijo: “Me arrepiento de no haber enviado a mis hijos a la escuela antes, y de haberlos tenido trabajando en las plantaciones. A partir de mañana, irán a la escuela, lo prometo”.

La actuación logró su objetivo. Más tarde, el secretario de educación local anunció que había conseguido la admisión de los niños en dos escuelas de Deniyaya a partir de enero de 2007.

“En el encuentro con la RUFD, les estaba muy agradecido por sus esfuerzos y estaba decidido a conseguir plazas en las escuelas públicas para los niños”, afirmó. “Hablé con los directores y conseguí las plazas para que pudieran ir a la escuela”.

Los 32 estudiantes empezaron las clases en el mes de enero y hasta ahora su experiencia ha sido muy positiva. “Tenemos muchos compañeros”, dijo uno de los hijos mayores de Shan Praba. “Hay un patio de recreo y estudiamos muchas asignaturas diferentes que no teníamos en la otra escuela”.

La RUFD realiza un seguimiento de los niños y les ayuda con cualquier problema que pueda surgirles en sus nuevas escuelas.