Ashley Jackson

Dos años en Afganistán

“La vida es increíblemente difícil y precaria, e incluso una mala cosecha puede desencadenar una situación de crisis.”
Ashley Jackson

Ashley Jackson, responsable de incidencia política de Oxfam en Afganistán, reflexiona sobre su experiencia durante los dos últimos años en el país.

¿Qué está haciendo Oxfam en Afganistán?

Oxfam lleva tres décadas trabajando en Afganistán y, actualmente, está presente en 20 de las 34 provincias del país, a menudo a través de nuestros socios locales. Trabajamos en proyectos de desarrollo a largo plazo, en especial en las zonas más pobres y remotas del país. Además, en ocasiones Afganistán se ve afectado por graves desastres naturales como inundaciones, sequías y terremotos. Cuando esto sucede, proporcionamos ayuda humanitaria de emergencia.

Como Responsable de Incidencia Política de Oxfam en Afganistán llevo a cabo labores de incidencia política en cuestiones que afectan a los ciudadanos afganos de a pie, como la protección de civiles y la mejora del impacto de la ayuda internacional para garantizar que ésta llega a quienes más lo necesitan. Debemos asegurarnos de que las voces y las preocupaciones del pueblo afgano sean escuchadas altas y claras en medio del debate político y militar.

¿Cuáles son algunos de los mayores cambios que has visto?

La seguridad se ha deteriorado gravemente. Yo vivo en Kabul donde la situación es relativamente segura. Sin embargo, mientras que cuando llegué podía viajar sin mayores dificultades, ahora es más difícil. Existen algunas zonas a las que Oxfam, como otras ONG, ya no puede viajar o en las que ya no puede trabajar  Y así es mucho más difícil llegar hasta aquellas personas que realmente necesitan nuestra ayuda.

Agricultor afgano

Gul Agha ara el campo con la ayuda de sus bueyes. Sala Khan Khel, Parwan, Afganistán. 5 de julio de 2010. Autor: Jason P. Howe/Oxfam

18 millones de dólares de ayuda al desarrollo ¿Por qué, sin embargo, las personas son aún tan pobres?

Aunque la ayuda ha marcado una verdadera diferencia en las vidas de muchas personas, muy poca ha llegado a aquellas que más lo necesitan. Mientras el conflicto se agrava, muchos países ligan cada vez más la ayuda humanitaria a sus objetivos militares bajo la creencia de que así pueden “ganarse sus corazones y mentes”. Como resultado, muchas zonas pobres no reciben la ayuda que precisan porque son consideradas “seguras” o porque no hay tropas internacionales presentes allí. Así, mientras el despliegue de un soldado americano en Afganistán cuesta al año aproximadamente un millón de dólares, durante los últimos siete años se ha gastado una media de 93 dólares por afgano al año.

¿Qué tipo de proyectos de acción humanitaria funcionan mejor?

Los proyectos más efectivos que he visto a lo largo de estos dos años son normalmente sencillos: proyectos llevados a cabo por las ONG locales en el terreno y desarrollados de acuerdo con las necesidades del pueblo afgano y, a menudo, liderados e implementados por ellos mismos. Incluso si se trata de un sencillo proyecto para el suministro de agua o la construcción de una escuela en una comunidad, he podido ser testigo de impresionantes resultados y de cómo comunidades enteras se beneficiaban. Y me ha impresionado el compromiso de las personas en este tipo de ONG. Son realmente trabajadoras y se entregan al cien por cien a lo que hacen.

¿Cómo está ayudando Oxfam a la población afgana?

Afganistán es el segundo país más pobre del mundo, de acuerdo con las cifras de la ONU. Hasta un 80% de la población depende de la agricultura, o de actividades comerciales relacionadas, para sobrevivir. Oxfam trabaja duro para ayudar a las personas a que puedan salir de la pobreza.

Lo hacemos de diversas formas. Ofrecemos capacitación a los agricultores; ayudamos a construir escuelas, carreteras y letrinas; proporcionamos agua limpia; y proporcionamos formación y capital inicial para abrir pequeños negocios. Estamos presentes en algunas de las zonas más pobres y remotas del país, como  Daikundi y Badakshan.

En Daikundi, no hay carreteras asfaltadas y sólo algunas escuelas cuentan con un edificio en el que dar las clases. Pero como el conflicto no está activo en la zona, los donantes proporcionan muy poca ayuda. La vida es increíblemente difícil y precaria, e incluso una mala cosecha puede desencadenar una situación de crisis. Ayudamos cuando hay escasez de alimentos o desastres naturales como inundaciones. Pero nuestra labor principal se centra en ayudarles a hacer frente a las causas subyacentes de la pobreza y, en última instancia, reducir su vulnerabilidad ante estos desastres.

Niñas afganas cogen agua de la fuente

Zohal (izquierda) y Nazanin cogen agua en el pueblo de Baranchi, Paghman, Afganistán. 6 de julio de 2010. Autor: Jason P. Howe/Oxfam

¿Qué es lo que más te preocupa?

Millones de personas afganas no tienen acceso a los servicios más básicos que las personas de los países desarrollados dan por sentados, como la atención sanitaria, la educación, el agua limpia y el saneamiento. La situación es especialmente crítica en el sur y sureste de Afganistán: el 53% de las clínicas en el sur del país están cerradas. Pero la situación está empeorando en todo el país a medida que la inseguridad crece.

Las mujeres afganas son especialmente vulnerables. ¿Qué hace Oxfam para ayudarlas?

Creemos que las mujeres tienen un importante papel que jugar y deberían estar en el centro de los esfuerzos de la comunidad internacional en Afganistán.

Proporcionamos a las mujeres capacitación y capital inicial para la puesta en marcha de pequeños negocios, para que puedan proporcionar sustento a su familia y a si mismas. Pero es también muy importante que utilicemos la imagen de Oxfam para asegurarnos de que sus preocupaciones son escuchadas. Ahora mismo, queremos asegurarnos de que las mujeres jueguen un papel crucial en los procesos de paz, reconciliación y reintegración. Como la mayoría de las mujeres en Afganistán, no queremos ver que el pequeño pero importantísimo progreso realizado en los últimos nueve años se desvanezca.

A menudo solo oímos malas noticias sobre Afganistán ¿es lo único que hay?

Para nada. También ha habido mejoras en ciertos ámbitos. Por ejemplo, ahora hay dos millones de niñas que van a la escuela en comparación con las pocas miles de niñas que iban antes, cuando los talibanes estaban en el poder. Pero estas buenas noticias son escasas, y cada vez lo son más a medida que la inseguridad crece. Cuando uno de cada cinco niños afganos muere antes de los 5 años y cuando menos de la mitad de la población tiene acceso a la electricidad, eso significa que aún hay mucho trabajo por hacer.

¿Qué crees que ocurrirá en 2011?

Es difícil de predecir que ocurrirá en un país como Afganistán. Pero la seguridad se está deteriorando rápidamente por todo el país – 2010 fue el año con más muertes de civiles desde la caída del régimen taliban. Mientras Kabul sigue siendo relativamente segura, el conflicto continúa extendiéndose por todo el país, especialmente en el norte y el oeste, zonas consideradas seguras hace apenas un año. Todo indica que la situación seguirá agravándose a lo largo de 2011.

Se habla mucho de cómo las fuerzas de la OTAN se están preparando para la “transición” ¿Qué es esto?

Ahora mismo las fuerzas militares internacionales se están centrando cada vez más en la “transición” – dejar la seguridad del país en manos del gobierno afgano a medida que retiran sus tropas.

Creo que, a la larga, esto es lo que el pueblo afgano desea ver. Pero es comprensible que a muchos les preocupe la capacidad de las fuerzas de seguridad afganas de garantizar la seguridad del país y asumir esa responsabilidad, teniendo en cuenta la brutal historia del conflicto. Sólo el 14% de los integrantes de las fuerzas de seguridad afganas puede leer o escribir, y los mecanismos de rendición de cuentas son extremadamente débiles. Creemos que es crucial evitar que las fuerzas de seguridad afganas cometan abusos contra los derechos humanos de forma generalizada; una preocupación real una vez que las tropas internacionales se hayan retirado.

¿Cuál será tu recuerdo de Afghanistan?

Mi primer viaje fuera de Kabul fue a una zona remota en el norte del país, donde visite un proyecto de alfabetización de mujeres. Recuerdo haber conversado con una mujer, que debía tener unos 50 años, sobre qué se sentía al aprender a leer a esa edad. Me dijo que era como estar ciega y aprender a ver. Ahora podía ir al mercado y comprar cosas, leer lo que ponía en el dinero y saber que no le estaban engañando. Me dijo que su mayor alegría como abuela era poder ayudar a sus nietos y nietas a aprender a leer porque, sin importar lo que ocurra en el futuro, es algo que nadie jamás podrá arrebatarles.

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