La panadería de Malalai. Autor: Zahra Akkerhuys/Oxfam

Mejorando la vida de las mujeres en las zonas rurales de Afganistán

“Mis experiencias me ayudan a comprender mejor a la gente por la que trabajo.”
Malalai Momand
Trabajadora social de Oxfam en Shar-i-Buzurg

Malalai Momand trabaja con Oxfam para ayudar a algunas de las personas más desfavorecidas del entorno rural en Afganistán. Malalai, de 34 años, es trabajadora social para Oxfam, y trabaja en la oficina de campo de la pequeña aldea de Kordakhan, en pleno centro de la cadena montañosa de Pestazar, en Shar-i-Bezerg, en la provincia de Badakhshan.

"Vine aquí desde Kunduz, una ciudad a 200 kilómetros. Mi marido está enfermo y no puede trabajar. Tiene una pequeña tienda de venta de trigo y harina, pero tengo que ganar dinero para la familia. Kunduz no es segura, y me sentía insegura trabajando allí, así que me postulé para este puesto. Nunca había estado en Badakhshan antes hasta que comencé a trabajar aquí hace año y medio.

"Esta oficina queda muy lejos, pero no me importa. Lo que me importa es mi trabajo.

"Soy trabajadora social, lo que significa que trabajo con las mujeres de las aldeas, aquí en Shar-i-Buzurg, para mejorar sus vidas. Algunos de los que viven aquí son muy pobres. Veo la realidad de sus vidas y de alguna manera me siento como una mensajera, ya que voy a las comunidades y luego comento lo que necesitan. Entonces buscamos la mejor manera de ayudarlos.

En mi trabajo tengo mucha libertad. Hace poco ayudamos a un grupo de mujeres a poner una panadería en esta aldea y así poder ganarse la vida. En otras aldeas, distribuimos semillas y ayudamos a la gente a crear pequeñas huertas de cocina para que puedan cosechar vegetales frescos para su familia. También hemos provisto de agua potable a los habitantes de 75 aldeas. Cada día puedo ver como estamos ayudando a la gente.

Es un gran trabajo y me he hecho muchos amigos gracias a él. Las mujeres afganas son muy divertidas. Vivo aquí, en la oficina de Oxfam, con el resto de nuestro equipo (unas ocho personas) y mi hijo de 14 años, Millad. No es común que una mujer viva lejos de su hogar, pero aquí tengo a mi hijo Millad. Él es mi muhram, o sea, mi escolta. Tengo siete hijos más, pero están con mi marido en Kunduz. Claro que los echo de menos, pero cada tres meses regreso a casa para visitarlos.

La vida en Kunduz nunca ha sido fácil. Bajo el régimen talibán, las cosas eran muy complicadas. No podía trabajar y no había trabajo para mi marido en esa época. Ni siquiera teníamos dinero para comprar harina para hacer pan.

Solía dar la poca comida que conseguía a mis hijos y yo me quedaba normalmente sin comer. Recuerdo que tras nacer uno de mis hijos, teníamos tan pocos alimentos que no comí nada durante 15 días. Nuestros vecinos estaban en una mejor posición que nosotros. A veces, mis hijos me preguntaban por qué ellos tenían para comer y nosotros no. Eso me partía el corazón. No tenía respuestas.

Ahora las cosas son diferentes, pero siento que mis experiencias me ayudan a comprender mejor a la gente por la que trabajo.

Inviernos duros

El paisaje aquí es muy bonito, y los visitantes creen que es precioso, pero yo ni me doy ya cuenta. Cuando trabajas duro, no tienes tiempo de

mirar a tu alrededor. Mi momento favorito del año es primavera, ya que me gustan las flores silvestres, especialmente los tulipanes rojos. En verano, mi equipo y yo nos encargamos del huerto de Oxfam. Es difícil encontrar vegetales en los mercados de aquí, así que cultivamos todo tipo de cosas, desde calabacines, calabazas y coles. Yo también cultivo rosas y caléndulas.

El invierno aquí puede ser muy deprimente. Una vez, durante el invierno pasado, trabajaba en Sah Dasht (a unas tres horas de la oficina) y comenzó a nevar. Nevó sin parar durante ocho días. Estaba aislada en la aldea. Al final, uno de los trabajadores de Oxfam y mi hijo Millad vinieron a buscarme a caballo en medio de una tormenta y me rescataron. Caminamos por entre una gruesa capa de nieve durante 12 horas.

A veces voy a caballo en invierno, ya que no hay otra forma de ir de un lado al otro. Incluso cuando no nieva tanto, los caminos son muy malos. A veces ni siquiera existen. Esto es lo más frustrante de mi trabajo. Me ralentiza cuando quiero hacer más...

Más información

Únete a nuestra petición: Afganistán – Las personas primero

Nuestro trabajo en Afganistán