Ndayi vive en uno de los campos de refugiados de Kibati con su mujer y sus cuatro hijos.. Autor: Oxfam
Ndayi vive en uno de los campos de refugiados de Kibati con su mujer y sus cuatro hijos.

R.D.Congo: Soñando con una vida mejor

“Al llegar la noche nunca sabemos si nos despertaremos con vida al día siguiente”
Ndayi

Ndayi vive en uno de los campos de refugiados de Kibati con su mujer y sus cuatro hijos. Hace un año, una cortina de fuego los obligó a abandonar Rugari, su aldea natal, situada en la región de Rutshuru. Desde entonces viven en una minúscula tienda de campaña, en la que a duras penas entra toda la familia, luchando por sobrevivir con las raciones de comida que reciben. Ndayi perdió la mano izquierda en un ataque militar en 1996.

El día que Oxfam Internacional conoció a Ndayi, el campo de refugiados de lamentable aspecto en el que vivía, situado bajo la amenazante sombra del volcán Nyiragongo, estaba envuelto en nubes y lluvia. Ndayi y su familia se metieron en la tienda para no mojarse, en la que guardan una vieja manta y un par de taburetes destartalados gracias a los cuales no tienen que sentarse directamente en el suelo.

Ndayi contó cómo los hombres armados aparecen a menudo disparando sus armas, generalmente para dejar claro que los refugiados del campo han de responder a sus peticiones de dinero o comida sin ofrecer resistencia. Ndayi y su familia reciben seis kilos de harina al mes, pero cuando los hombres armados les exigen la ración de comida "se la damos para seguir con vida".

“Cuando vienen, primero piden dinero y si nadie tiene, disparan al aire para asustarnos y que les demos nuestra comida.
Es un milagro que todavía no nos hayan atacado. Sin embargo, al llegar la noche nunca sabemos si nos despertaremos con vida al día siguiente”.

Cuando se quedan sin su ración de comida, la esposa de Ndayi podría ir al huerto local creado por los desplazados y recoger lo que hubiera disponible. Pero Ndayi no quiere que su esposa vaya al campo ya que allí las mujeres a veces son víctimas de ataques o violaciones. La otra opción que les queda es que Ndayi, con su discapacidad, viaje los cinco kilómetros que, aproximadamente, los separan de Goma para buscar trabajo de portero y así ganar lo suficiente para comprar comida para su familia.

Ndayi nos contó que sólo dos semanas atrás le habían disparado a un chico en el brazo y que una niña había resultado muerta de un disparo en la cabeza a manos de hombres armados que asaltaron el campo en busca de dinero y teléfonos móviles.

Según Ndayi, su familia ya nunca volverá a la aldea. En su lugar, sueña con una vida mejor en Kivu Sur, donde un amigo le prometió una parcela de terreno.