Autor: Irina Fuhrmann/Oxfam
Mahamat Suleiman repara su granero para la temporada de cosecha

Crisis alimentaria en Chad: Mahamat protege sus campos contra la sequía y las inundaciones

“Las inundaciones lo destrozaron todo y antes de que regresen con la cosecha, hay que tener los graneros a punto”
Mahamat Suleiman

Mahamat Suleiman repara su granero familiar para recibir la escasa cosecha que este año recogerán en Tireda, su aldea, tras las inundaciones en septiembre pasado. Según una encuesta realizada por Oxfam, el 55% de las familias de esta región del Chad han tenido que endeudarse y cerca del 20% se han visto obligadas a reducir la cantidad de comidas diarias.

“Ahora mismo, no me falta trabajo” sonríe Mahamat mientras termina de pulir las paredes de barro de la gran vasija que está construyendo como granero familiar. “Las inundaciones lo destrozaron todo y antes de que regresen con la cosecha, hay que tener los graneros a punto”, explica sin dejar de trabajar.

Tireda, es una pequeña comunidad de unos 1.000 habitantes de la región de Abou Deia, que quedó anegada bajo las abundantes lluvias del pasado mes de septiembre. Las aguas provocaron graves problemas de acceso a las comunidades, destrozaron numerosas casas y arrasaron hectáreas de campos cultivados.

“Perdimos muchos de nuestros animales”, cuenta Mahamat, quien gracias a sus conocimientos de albiñelería construyó una valla de protección para evitar que el agua penetrara en su vivienda. Pero ahora, cuatro meses después, la tierra está reseca y no queda ni rastro de agua en toda la zona. Tampoco no hay ni rastro de sus habitantes, sólo Mahamat el albañil y Damré Alkali, quien está lesionado, son los encargados de proteger el poblado de los intrusos, entre los cuales se encuentran las temidas hienas. “Colocamos unos palos en forma de cruz, con un trapo encima para ahuyentarlas” explica.

En septiembre, cuando las lluvias inundaron la región, los equipos de Oxfam se desplazaron a la zona para realizar una intervención de emergencia. “Las inundaciones habían destrozado los pocos puntos de agua con los que cuenta la región, y el agua de la que se proveían las poblaciones no garantizaba los mínimos de salubridad. El riesgo de propagación de enfermedades, especialmente el cólera que empezaba a extenderse por otras regiones del país, era muy alto.” explica Passiri Moubané, asistente de Oxfam.

La organización distribuyó un producto floculante para tratar el agua y realizó la desinfección de determinados pozos. Además de distribuir bidones contenedores, jabón y mosquiteras, se empleó con ahínco en sensibilizar a la población sobre las medidas de higiene básicas pero altamente necesarias en tales circunstancias.

“Hace al menos 10 años que no llovía con tanta intensidad, y el campo no lo ha podido resistir. Hemos perdido la cosecha de mijo, y sólo la de berebere (variedad que se recoge en la época seca) podrá sustentarnos durante los próximos meses”, se queja Mahamat, esmerándose todavía más en la construcción del granero. Estos contenedores, donde se almacenará la cosecha que tiene que alimentar a las familias hasta la próxima temporada, deben garantizar al máximo la preservación del grano.

La crisis alimentaria que afecta a toda la banda saheliana se ha exacerbado especialmente en la región de Abou Deia, donde los estragos climáticos, como la sequía de los años anteriores y las recientes inundaciones, merman las capacidades de la población. Según una encuesta realizada por Oxfam, el 55% de las familias han tenido que endeudarse y cerca del 20% se han visto obligadas a reducir la cantidad de comidas diarias. Son las únicas soluciones, que junto con la venta de ganado, la ocupación jornalera y el consumo de frutos y hojas salvajes les permiten temporalmente hacer frente a la penuria.

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