Letrinas construidas por Oxfam. Autor: Chris Hufstader/Oxfam
"Dadnos una tierra en la que instalar nuestras tiendas y vivir"

En un campamento de Haití, las familias anhelan un nuevo comienzo

Para las 89 familias que se apiñan en las tiendas de campaña en un pequeño terreno en Gressier, a una hora en coche de la capital de Haití, Puerto Príncipe, la incertidumbre se ha convertido en una constante de su vida diaria.

El derecho a un pedazo de tierra donde empezar desde cero

¿Serán obligados a abandonar este terreno rocoso? ¿Tendrán que volver a desplazarse de nuevo, por cuarta vez desde que el terrible terremoto destruyera sus casas? ¿Dónde podrían ir?

“El mayor problema es la tierra,” afirma Clairin Webert, mientras un mar de tiendas de campaña blancas se extiende tras él. “Algunas personas se despiertan a las noches llorando porque no saben qué hacer o dónde ir”.

Campamnto de MergerTiendas en el campamento de Merger, en Gressiers, donde viven 89 familias. Autor: Chris Hufstader/Oxfam

Un año después de que el terremoto de magnitud 7 sacudiera la capital y sus alrededores, más de un millón de personas continúan sin hogar. Uno de los mayores retos a los que estas personas se enfrentan es el acceso a una tierra donde las familias puedan construir sus casas y comenzar una nueva vida – o simplemente continuar viviendo en sus refugios provisionales.

El gobierno haitiano está siendo muy lento a la hora de diseñar un plan de reasentamiento y de adjudicar tierra a los supervivientes, mucho de los cuales estaban de alquiler y ya no tienen a donde regresar. Como resultado de esta pasividad, a principios de diciembre surgió la maraña de tiendas que es Gressier, donde aproximadamente 375 personas se aferran a la esperanza de que la ayuda llegue antes de que también les echen de allí.

El dueño de la tierra permitió que las familias instalaran sus tiendas hace unos pocos meses, pero ahora la reclama de vuelta y el caso ha sido llevado a los tribunales locales.

Frederic Bonny, un residente del campamento de Merger, nos habla de su desesperada situación. Autor: Chris Hufstader/Oxfam

“Si existiera una palabra más fuerte que “desesperanzado”, ésta describiría cómo me siento,” afirma Webert, sentado bajo la sombra de la lona que cubre los restos de su casa en ruinas. Al fondo, el azul del mar caribe brilla entre las hojas de los árboles. Pero aquí, mientras Webert y su compañero Frederic Bonny (también residente en el campamento) nos cuentan todo por lo que estas familias de Mariani han pasado, nada más parece brillar.

Eran más de 600 al comienzo, cuando en enero del año pasado buscaban cobijo en la zona de New Hope. Pero cuando el dueño reclamó la devolución de la tierra, se mudaron a un lugar llamado Morne Bateau, donde los vientos resultaban extremadamente peligrosos. Así, a comienzos de septiembre, las familias se mudaron de nuevo a un pedazo de terreno en el barrio de Merger. En cada una de sus mudanzas, el número de familias disminuía: algunas volvían a sus hogares en ruinas y otras se iban a vivir con familiares o amigos.

Pero para personas como Yolande Chery, las opciones son escasas. De momento, no tiene cómo ganarse la vida pero sí muchas bocas que alimentar, incluyendo un bebé de cuatro meses. Chery perdió a causa del terremoto su negocio de reparación de colchones que les proporcionaba a sus hijos y a ella lo suficiente para vivir. Desde entonces, depende de la buena voluntad de los vecinos de las tiendas cercanas, quienes comparten su comida con ella. Muchos días incluso no come.

Y las preocupaciones de Chery aumentarán en breve: sus otros cuatro hijos, a los que había enviado a vivir con algunos familiares tras el terremoto, vuelven para vivir con ella. ¿Cómo podrá alimentarlos?

“Dadnos una tierra en la que instalar nuestras tiendas y vivir,” dice Chery. “Y proporcionadnos una subvención para comenzar un nuevo negocio con el que sobrevivir.”

Letrinas y agua

Mientras las familias se han estado desplazando de un lugar a otro, Oxfam les ha estado ayudando proporcionándoles agua limpia y servicios de saneamiento, algo esencial ahora que el cólera, una enfermedad mortal que se transmite por el agua, se extiende por el país. En la parte trasera del campamento de Merger, Oxfam ha construido letrinas de emergencia que se pueden vaciar de forma semanal. Al contrario de las fosas, estas letrinas se construyen con bidones que evitan que los deshechos se filtren al agua del mar, que discurre cerca de la superficie.

Y bajo la supervisión de Charles Nesly, supervisor de Oxfam para la promoción de la salud pública, las actividades sobre la prevención del cólera no cesan en el campamento. Un comité de limpieza compuesto por residentes en el campamento se asegura que el pequeño tanque azul, que se encuentra fuera de las letrinas, esté siempre lleno de agua para que las personas puedan lavarse las manos con regularidad. Y cada día se aplica a las letrinas un spray con una solución de cloro para mantenerlas limpias.

Al otro lado del campamento, una cámara amarilla que parece una almohada enorme proporciona agua a los grifos desde los cuales las personas rellenan sus jarras para volver a llevarlas a sus tiendas. La cámara se rellena diariamente gracias a un camión que transporta el agua.

“Si tienes en cuenta las letrinas, las duchas y el agua, estas familias parecen ricas”, dice Frederic Bonny, uno de los lideres del campamento y profesor a tiempo parcial, “pero, por lo demás – alimentos, oportunidades de recibir una buena educación, tierra donde asentarse… - estas familias no tienen nada.”

“Encontrar tierra no resulta difícil. El problema es que siempre que encontramos un terreno disponible, el dueño nos pide dinero,” dice Bonny. “Y si el dueño sabe que una organización sin ánimo de lucro está ayudando a las familias a conseguir la tierra, entonces aumentan el precio.”

“Si desde el 12 de enero hubiera un gobierno, un gobierno de verdad, estas personas no tendrían que vivir en tiendas,” añade Webert. “Si sobrevivimos es sólo gracias a la ayuda de las ONGs.”

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