David, Sabine and Marceline. Credit: Kateryna Perus/Oxfam

Corail: ¿un lugar al que llamar hogar?

Marceline, David y su hija Sabine formaban parte del primer grupo de personas desplazadas del club de golf de Petionville, donde se enfrentaron a un riesgo inminente de inundación repentina, hacia un emplazamiento a 15 kilómetros de Puerto Príncipe. Hoy, siguen viviendo en el campo.

"La vida aquí es bastante parecida a cuando llegamos, no ha cambiado gran cosa. Tenemos nuestra tienda de campaña. Tenemos suficiente agua, de Oxfam, para beber, cocinar y lavarnos. También hemos recibido comida: arroz, aceite, legumbres y harina, de World Vision", afirma David, esposo de Marceline y padre de Sabine.

La situación sigue siendo muy difícil pese al trabajo realizado hasta ahora. "Todavía tenemos las letrinas de Oxfam, hay suficientes para todos, aunque estaría bien tener nuestro propio lavabo, o un lavabo compartido con otras familias, que pudiésemos mantener limpio entre nosotros."

El día a día de David ha cambiado radicalmente desde el terremoto. "Voy habitualmente a Delmas, a los viejos lugares donde solía trabajar antes del terremoto -era un trabajador del metal y luego taxista- para buscar trabajo. A menudo tengo que ir andando, así que salgo a las 4.30 de la mañana, y llegó ahí sobre las 11", nos explica.

Para la familia la prioridad es la hija del matrimonio, Sabine. "Aparte de conseguir trabajo, nuestra prioridad principal es la educación de Sabine. La educación es muy importante. No quiero que mi hija crezca sentándose por ahí, sin aprender nada. Quiero que vaya a la escuela y aprenda; que tenga una educación. Hay una buena escuela en Bon Repos, me gustaría llevarla ahí. Pero necesitaríamos dinero. Como antes del terremoto."

Mirando al futuro

El reto de vivir en un campo no les desanima. " Nos gusta estar aquí; no lo odiamos. Y no queremos volver a Puerto Príncipe. Allí hay demasiada gente y no hay hogares. No me importará tener un hogar aquí, o incluso construirme uno yo mismo." , afirma David. Alrededor de su tienda no hay mucho: apenas una o dos plantas al lado. "Nos gustaría un lugar pequeño donde plantar árboles, para que pudiesen darnos sombra, y tendríamos mangos para comer. Y un poco de espacio para tener gallinas, entonces podríamos comer pollo."

"Necesitamos un hogar de verdad. Necesitamos algo de intimidad. También necesitamos poder divertirnos de vez en cuando, tener un poco de entretenimiento." confiesa alegremente. "¡Quizá incluso ver el Mundial por televisión!"

Pese al optimismo, siguen sin respuestas a medio plazo: "No sabemos si habrán hogares. Hay rumores de que puede que nos vuelvan a trasladar. Así que no sabemos".

 

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