Agricultores locales enseñan orgullosos su cosecha. Autor: Gilvan Barreto/Oxfam
Cambios espectaculares en La Mohaga, Honduras

Honduras: La gente aprende a sacar más partido a sus cosechas

“Antes de que llegara ODECO, las mujeres no tenían tanta participación, pero ahora todos somos iguales”
José Pérez

Arcadio Pacheco tiene motivos para sentirse orgulloso. Cuando mira su tierra, ve cómo rebosa vegetales y los buenos sistemas de riego con los que cuenta. Las cosas han cambiado mucho en La Mohaga, en el oeste de Honduras.

La Mohaga es un lugar tranquilo, tan tranquilo que hace diez años esta ciudad estaba aislada y resultaba más fácil llegar hasta El Salvador que a cualquier otro punto del país. Arcadio, que ahora tiene 75 años, recuerda cuando tuvo que emigrar para sacar adelante a su familia. Trabajó como jornalero en los campos por un salario que apenas llegaba para alimentar a sus hijos.

A pesar de poseer algunas tierras, Arcadio no contaba con los conocimientos para cultivarlas. Ahora, gracias a la ayuda de Oxfam y de nuestro socia local, la Organización para el Desarrollo de Corquín (ODECO), tanto él como sus hijos saben bien cuáles son los mejores sistemas de riego, cómo conseguir fertilizante orgánico, cómo alternar la producción de cosechas de forma que puedan tener una producción continuada de diferentes productos y cómo cultivar una huerta que asegure el sustento de la familia.

La llegada de ODECO

Hace seis años, cuando ODECO llegó al municipio de Belén Gualcho, se pusieron a plantar cultivos para asegurar alimentos para las 200 familias que viven en la zona. Fue un paso fundamental. “Solía haber mucha desnutrición pero gracias a las huertas, los huevos y los árboles frutales todo ha cambiado. Ya no tenemos tantas emergencias médicas en la comunidad y los niños no enferman tan a menudo”, dice Paula Vázquez, una vecina del lugar.

Al mismo tiempo, ODECO ofreció formación técnica a la gente, implicando a las mujeres en la producción y promocionando la educación como eje del desarrollo. “Antes de que llegara ODECO, las mujeres no tenían tanta participación, pero ahora todos somos iguales”, explica José Pérez.

Cambios espectaculares

En sólo un lustro, la vida de Belén Gualcho ha cambiado enormemente. Eliaquín Pacheco es un claro ejemplo: “Antes e existir una organización, la vida era muy dura. Vivíamos como trabajadores itinerantes y recorríamos grandes distancias para trabajar como jornaleros. Gracias a ODECO nos dimos cuenta de que era necesario volver a casa y trabajar nuestras tierras”. Y así lo hicimos, por ello hoy Eliaquín cultiva vegetales en diez hectáreas de tierra y además posee ocho hectáreas de bosque con las que suministra madera para el sector de la construcción.

Eliaquín también es el presidente de APROALCE, una asociación de 110 miembros reunidos para potenciar su producción de repollos, lechugas y zanahorias (entre otros) y después venderlos en El Salvador. “Gracias a la ayuda de Oxfam tenemos un acuerdo con Agrolempa, un importador salvadoreño, para exportar estos productos”. El primer paso es conseguir realizar ventas a granel. Seguidamente, y dentro de la fase de planificación, es importante ampliar el abanico de productos y el tipo de compradores.

Centrados en la educación

La educación se ha convertido en la piedra angular para el desarrollo de este municipio, aunque no todo el mundo lo vea de esta forma. “Es fácil ver el cambio entre antes y ahora. Hace seis años, cuando los niños llegaban al tercer curso, los llevábamos al campo a trabajar”, explica Eleaquín. No había suficientes niños en las escuelas comunitarias como para asignarles un profesor. Hoy en día, hay más de 60 jóvenes dispuestos a continuar con su enseñanza secundaria fuera del municipio.