Turkana: cinco años sin lluvias
En la región de Turkana, en el norte de Kenia, hace más de cinco años que no ha caído una buena lluvia capaz de hacer crecer el pasto con el que se alimenta el ganado, la única riqueza del lugar. Es una más de las zonas del Cuerno de África afectadas por la grave sequía que ha puesto en riesgo a más de 13 millones de personas.
Las fotos hablan por sí solas. Pero las historias de los habitantes de Turkana confirman una urgente necesidad de ayuda para paliar el hambre y una imperativa necesidad de desarrollar proyectos a largo plazo para poder avanzar en el futuro y hacer frente a los estragos climáticos que son cada vez más frecuentes.

El camello, el animal más resistente a la sequía, el que nutre a las familias en la temporada seca, el que provee de leche, carne y grasa, está muriendo. Antes lo han hecho las vacas, las cabras y las ovejas. Cuando muere un camello, las comunidades pastoralistas lloran, pues con él desaparecen todas sus esperanzas de futuro.
No hay agua y la tierra está tan seca que se cuartea bajo los pies. Las comunidades pastoralistas, tradicionalmente nómadas, no tienen dónde ir para encontrar pasto y sólo les queda esperar a que lleguen las lluvias. No será hasta dentro de unos meses y mientras tanto, los pocos animales que hayan sobrevivido estarán tan débiles que ya no servirán como moneda de intercambio.
Los habitantes de la zona excavan pozos en los lechos secos de los ríos. A cierta profundidad, emerge un líquido marrón y lodoso, que será consumido tanto por las personas como por los animales. Es la única agua con la que subsisten los habitantes de gran parte de las comunidades de Turkana, una región marginada en cuanto a inversión en infraestructuras de agua.
La distribución alimentaria del PAM implementada por Oxfam, alcanza desde hace meses sólo a las familias más vulnerables. Pero dadas las crecientes necesidades en la zona no es suficiente. Miles de familias dependen del maíz, los guisantes secos, la harina y el aceite que reciben mensualmente en el punto de distribución.
Es raro encontrar hojas verdes en Turkana, pero en el pueblo de Kaaleng, han empezado a crecer algunos huertos familiares. El pueblo, que se abastece de agua gracias a la pompa de energía solar instalada por Oxfam, tiene un suelo fértil y varios de sus habitantes, como Benson Kore, se han puesto a cosechar. La familia ha perdido una gran parte del ganado con el que antes subsistían. A Benson todavía le quedan cinco cabras, que se alimentan de los rastrojos del huerto.
La escuela de pastores Akadeli es un proyecto piloto desarrollado por Oxfam para reagrupar a los pastores de la zona de Turkana. En este momento crítico, el grupo colabora en la difusión de aprendizajes. La mayoría de ellos han perdido todos los animales. Por eso, con un sistema de microcréditos comunales, tratan de encontrar nuevas salidas, como el desarrollo de la pesca en el lago Turkana. Gracias al pescado, los pastores pueden obtener nuevas formas de ingresos y diversificar su dieta.
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