Burkina Faso: la crisis alimentaria en imágenes
De acuerdo a la ONU, 18 millones de personas en el Sahel, África Occidental, necesitan ayuda urgente. Las mínimas e irregulares lluvias se han traducido en malas cosechas y escasez de agua: el riesgo de una hambruna en la región es inminente. Oxfam ya está gestionando su respuesta humanitaria: queremos llegar a 1,8 millones de personas en siete países de la región.
Estas fotografías tomadas en junio de 2012 en Burkina Faso reflejan la alarmante situación en el Sahel: muchas familias han reducido sus comidas a una vez al día y en caso extremos, cada dos días, y más de un millón de niños y niñas sufren desnutrición. La región comienza uno de sus periodos más difíciles: las próximas cosechas serán en octubre, pero ya muchos graneros están completamente vacíos.
Para mayor información sobre esta crisis y cómo Oxfam está trabajando en la región revisa nuestra página sobre la crisis alimentaria en el Sahel.
Fotos: Pablo Tosco/ Oxfam
Millones de familias en el Sahel viven de lo que les da la tierra. En un año de lluvias, la cosecha y la cría de ganado a pequeña escala les permiten aguantar hasta la temporada siguiente. En un año con sequía, los graneros se vacían sin remedio.. Esta es la historia de 2012 en el Sahel.
Las familias más vulnerables se ven obligadas a reducir su dieta a la mínima expresión: de tres comidas al día se pasa a dos, o de dos a una, o incluso en los casos más extremos de una al día se pasa a una cada dos días. El único plato es el “to”, un potaje hecho de agua y harina de cereal que se alarga con hojas de árboles y plantas silvestres.
Los niños y niñas son los principales damnificados de la crisis alimentaria. Alrededor de un millón en todo el Sahel padece desnutrición, como efecto de una alimentación escasa y poco variada. En muchas escuelas, como ésta de Konean (Burkina Faso), sólo comen los niños y niñas que pueden traerse la comida de casa.
Antes de la siembra, cada familia campesina del Sahel labra decenas de hectáreas a base de doblar el espinazo y clavar la azada. Un arado y dos bueyes sólo están al alcance del agricultor acomodado. El abono es una rareza, el tractor un sueño y la irrigación artificial ciencia ficción.
En Burkina Faso, decenas de miles de pequeños agricultores han dejado el campo para lanzarse a la búsqueda de oro, con el que dicen ganarse mejor la vida porque no dependen del tiempo. Este año las minas artesanales de oro se han multiplicado. En ellas las personas viven hacinadas y trabajan sin medidas de seguridad. Un tercio de su población son menores de edad.
En Burkina Faso, Oxfam está ayudando a 200.000 personas vulnerables a sobrevivir durante los meses del hambre. Entre otras acciones, Oxfam ha distribuido dinero en efectivo para que las familias pudieran comer durante el tiempo de la siembra, así como semillas, herramientas, alimento para el ganado, etc. El objetivo es evitar que estas familias abandonen el campo por un futuro incierto.
La reacción ante la emergencia no es suficiente, ya que no impide que la situación se reproduzca en pocos años. Gobiernos y ONG deben apoyar aquellos sistemas que a medio y largo plazo refuercen la capacidad de la población de superar los años de malas lluvias. Los graneros de seguridad alimentaria, como los instalados en la comuna de Rambo (Burkina Faso) son una primera línea de defensa. En la imagen: Alidou Sawadogo, presidente de la Asociación Aidons l’Afrique Ensemble.
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