Mil millones de personas hambrientas

Los gobiernos y las agencias de ayuda deben hacer frente al reto

La subida de los precios de los alimentos ha puesto de relieve una crisis alimentaria mundial que, aunque ya existía, ahora afecta a cerca de 1.000 millones de personas.

Las soluciones a futuro que se plantean son, entre otras, la adecuada inversión en agricultura, un comercio más justo, la redistribución de recursos y la lucha contra el cambio climático. Pero las personas con hambre no se alimentan de la esperanza de soluciones a largo plazo.



Las recomendaciones de Oxfam Internacional son las siguientes:



Los gobiernos de los países en desarrollo deben:
 

  • Promover un entendimiento común del hambre y la vulnerabilidad, así como una respuesta adecuada a ambos.
  • Asegurar que las comunidades afectadas tienen buen acceso a los ingresos y al alimento a través de medidas de protección social adecuadas a nivel local
  • Utilizar reservas de alimentos a nivel local, nacional y regional para abastecer a las poblaciones afectadas por la crisis, reducir la volatilidad de los mercados de alimentos y asegurar que las políticas fiscales y arancelarias mejoran el acceso al alimento.
  • Complementar la respuesta a la crisis con medidas de reducción de riesgos, especialmente para salvaguardar los medios de vida.
  • Ofrecer un espacio adecuado para que las organizaciones de la sociedad civil y el sector privado puedan jugar un rol activo, como por ejemplo la participación en la distribución de la ayuda o el establecimiento de un plan de seguros y créditos.
  • Reunir a todos los ministerios relevantes, las agencias internacionales, los grupos de la sociedad civil (como los sindicatos de agricultores y las organizaciones de mujeres) para diseñar y coordinar planes de acción vinculados a la agricultura y a la protección social.



Los donantes y las organizaciones internacionales deben:
 

  • Apoyar el rol activo del Estado a través de la asistencia técnica y financiera invirtiendo en las capacidades nacionales para lograr una capacidad de respuesta duradera al hambre y apoyando las iniciativas regionales.
  • Aumentar la financiación para las transferencias de efectivo a las familias más necesitadas y reducir el énfasis en ayuda alimentaria en especie.
  • Comprometerse a una nueva alianza global, que se debería basar en los mecanismos globales y regionales ya existentes, y mantener la colaboración iniciada por el Grupo de Trabajo de Alto Nivel de las Naciones Unidas en 2008.
  • Reformar la Convención de Ayuda Alimentaria (CAA), que recibe compromisos anuales de ayuda alimentaria de los donantes, para que reciba fondos predecibles que apoyen a las políticas nacionales y regionales diseñadas para responder a las necesidades alimentarias. Estos compromisos deberían ser obligatorios.



Las organizaciones internacionales no gubernamentales (OING) deben:
 

  • Reforzar el apoyo a los mecanismos nacionales y locales de prevención y respuesta a las crisis alimentarias en vez de limitarse al suministro directo de ayuda.
  • Apoyar a las ONG locales para que participen en el diseño y ejecución de las políticas nacionales alimentarias, agrícolas y de protección social.