La industria farmacéutica socava su futuro mientras impide el acceso de millones de personas a medicamentos básicos

“Hoy en día, el 15% más rico de la población del planeta consume por encima del 90% de los medicamentos”
Helena Viñes
Autora del informe "Invertir en vida"
Publicado : 21 Noviembre 2007

Un informe de Oxfam Internacional pide a la industria farmacéutica que ponga el acceso a los medicamentos en el centro de sus prácticas y decisiones.

La industria farmacéutica niega el acceso a medicamentos básicos a millones de personas y socava su propio futuro, debido a la negativa de las compañías a cambiar  sus estrategias de negocio en los mercados de los países en vías de desarrollo, según alerta Oxfam Internacional en un informe publicado hoy.

El informe Invertir en la vida. Cómo lograr el acceso a medicamentos esenciales a través de prácticas empresariales responsables pone la lupa en las 12 principales compañías farmacéuticas mundiales, examinando sus políticas de precios, su historial en el desarrollo de medicamentos relevantes para los países más pobres y su postura en relación a las reglas de propiedad intelectual.  

Oxfam Internacional alerta de que la industria farmacéutica no garantiza el acceso universal a medicamentos porque se niega aún a poner este tema en el núcleo de su modelo de negocio. Como resultado, está desestimando el enorme potencial que presentan los mercados emergentes, bautizados como “nueva frontera” para el éxito de su negocio. 

Según una de las mayores consultaras internacionales, la desconfianza por parte de los inversores ha supuesto hasta la fecha una pérdida cercana al 1 billón de dólares a sus accionistas. 

“La industria está enterrando la cabeza en la arena, como haría un avestruz. Más del 85% de los pacientes en todo el mundo están privados de acceso a  los medicamentos que necesitan o están atendidos por debajo de sus necesidades. Los laboratorios  deben reconocer que cobrar precios altos, aplastar la competencia de los genéricos, desarrollar medicinas sólo para aquellos lo suficientemente ricos para poder comprarlas y luchar por endurecer las leyes de patentes, es una estrategia de negocio ineficaz para los nuevos mercados además de una atrocidad moral”, afirma Ariane Arpa, directora general de Intermón Oxfam. 

“Los inversores están preocupados con el rendimiento de la industria farmacéutica. Saben que los mercados emergentes son clave para el crecimiento futuro de esta industria, pero las compañías están asumiendo el reto de entrar en los mercados emergentes de una manera puntual e incoherente. Esto es malo para la industria y para las personas de los países pobres que todavía se enfrentan a enfermedades devastadoras como la malaria, la tuberculosis, la asma, el cáncer o el Sida, sin acceso a medicamentos asequibles”, añade Arpa. 

Oxfam Internacional reconoce que algunas compañías ofrecen precios diferenciados, pero afirma que ésta es una actuación muy limitada a enfermedades como el Sida. 

Sin embargo, estas ofertas no se aplican de forma sistemática en todo el mundo y en general esos medicamentos tienen precios aún muy por encima de las posibilidades de las personas en los países en desarrollo. Oxfam Internacional denuncia que es práctica habitual de los laboratorios adaptar los precios de los medicamentos en los países  pobres solo cuando existe publicidad sobre una enfermedad o un país. 

Por ejemplo, los Laboratorios Abbot vendía el medicamento Kaletra (un anti-retroviral de segunda línea) a 2.200 dólares por paciente y año en países de renta media-baja como Guatemala, dónde el salario promedio anual es de 2.400 dólares. El laboratorio sólo redujo el precio del medicamento después de que Tailandia decidiera bajar su coste a 1.000 dólares por paciente y año para salvaguardar la salud de su población  más pobre mediante la emisión de una licencia obligatoria. También en Tailandia, el gigante francés Sanofi-Aventis comercializaba Palvix, un medicamento para problemas cardiovasculares, a un precio 60 veces superior al de Emcure, la versión genérica producida en India. En marzo de 2007, el laboratorio bajó el precio del Palvix en un 70%, en respuesta a las licencias obligatorias adoptadas por el gobierno tailandés.  

El informe advierte también que las farmacéuticas no invierten lo suficiente en investigación y desarrollo de medicamentos para las enfermedades que afectan principalmente los pobres en los países del Sur. Entre el 1999 y el 2004, de los 163 medicamentos lanzados al el mercado, tan solo tres fueron innovaciones dirigidas a enfermedades que afectan los países pobres. 

“Incluso los pacientes que sufren de tuberculosis – que mata a dos millones de personas cada año –  necesitan seis meses de tratamiento y el medicamento más reciente tiene ya 30 años”, ha explicado Helena Viñes, autora del informe. 

Sobre la posición de la industria farmacéutica en relación a la legislación sobre propiedad intelectual, Viñes añade que  “el establecimiento de reglas rígidas de protección de la propiedad intelectual no ha producido nuevas curas para enfermedades que afectan las personas más pobres”. 

A pesar de esto, la industria continúa insistiendo en que el régimen global de protección de la propiedad intelectual no impide el acceso de los pobres a medicamentos asequibles. Oxfam Internacional afirma que la visión de las empresas no sólo es equivocada y muestra estrechez de miras, sino que las evidencias demuestran abrumadoramente que la competencia de los medicamentos genéricos es el método más eficaz para bajar los precios de los medicamentos. 

En los últimos años, las empresas han aumentado el número de demandas legales o la presión directa para proteger sus patentes contra el uso legítimo de las salvaguardas en Tailandia, Brasil e India. “Son los más pobres los que sufren el desafío de la industria farmacéutica”, afirma Oxfam Internacional. 

Pfizer llegó a desafiar al gobierno filipino debido al uso que éste hizo de las cláusulas de salvaguarda de salud pública en relación al medicamento llamado Norvasc. 

“La industria farmacéutica no está abordando los cambios necesarios para atender a los mercados de los países en desarrollo y cumplir con su responsabilidad de garantizar el acceso universal a los medicamentos. La presión de la opinión publica se intensificará si las compañías mantienen su política de concesiones parciales y desiguales, por ejemplo en enfermedades destacadas como el VIH/SIDA y la malaria”, advierte Viñes.  

El informe concluye que las empresas tienen que renovar sus políticas de precios, de inversión en investigación y desarrollo y de patentes, para atender los mercados emergentes y hacer sus medicamentos más asequibles para las personas pobres. El 80% de la población de estos países es vulnerable a caer o mantenerse por debajo del umbral de la pobreza si tienen que hacer frente al coste de medicamentos caros, sobre todo en tratamientos prolongados. 

“Hoy en día, el 15% más rico de la población del planeta consume por encima del 90% de los medicamentos. A este ritmo, tanto la industria como los millones de pacientes enfermos están perdiendo”, concluye Viñes.

 

Lee el informe.  Invertir en la vida: Cómo lograr el acceso a medicamentos esenciales a través de prácticas empresariales responsables

 

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