El sistema de ayuda no es adecuado para hacer frente al hambre y la subida del precio de los alimentos

“El error de los gobiernos radica en no actuar con suficiente antelación ni de manera conjunta”
Robert Glasser
secretario general de CARE International
Publicado : 18 de abril 2008

Oxfam Internacional y CARE denunciaron hoy que el sistema de ayuda internacional no es el adecuado para combatir el hambre en el mundo e indicaron que si no se reformulan las políticas de asistencia no se podrá hacer frente al actual incremento en el precio de los alimentos ni impedir la crisis alimentaria en el Este y Oeste de África.

El llamamiento se ha hecho al finalizar una conferencia en Roma, en la que 30 organizaciones humanitarias y agencias de las Naciones Unidas han debatido cómo abordar el hambre en el mundo.


“Las protestas por la subida del precio de los alimentos han vuelto a situar el hambre en la agenda política, pero el sistema de ayuda humanitaria no será capaz de combatirla si permanece estancado en el pasado, considerando las crisis alimentarias como acontecimientos esporádicos y no asume el problema subyacente de la pobreza crónica. Se ha mejorado mucho la capacidad de respuesta inmediata ante emergencias, pero no se hace lo necesario para prevenir las crisis”, explica Ariane Arpa, Directora General de Intermón Oxfam.


“El error de los gobiernos radica en no actuar con suficiente antelación ni de manera conjunta. La ayuda ante las emergencias se moviliza demasiado tarde, cuando ya se han perdido muchas vidas. Las imágenes que estos días nos muestran la llegada triunfal de alimentos para asistir a las víctimas del hambre son un ejemplo de este fracaso, de no haber actuado con suficiente antelación”, según Robert Glasser, secretario general de CARE International.


Oxfam y Care alertan de que, tras el impacto de la subida de los precios de los alimentos, hay indicios que apuntan inminentes catástrofes en el Este y Oeste de África, que podrían evitarse si se actúa de forma inmediata.


En el Este de África, la época de lluvias (de Marzo a Mayo) está siendo mucho más seca de lo normal, lo que podría desencadenar otra crisis humanitaria de grandes dimensiones – la segunda en menos de tres años. Las organizaciones están especialmente preocupadas por los efectos que puede tener el hambre en el sur de Somalia, la región somalí de Etiopía y del Oeste de África, Mauritania y Níger.


La acción preventiva no sirve únicamente para salvar vidas sino que tiene sentido desde el punto de vista económico. En el 2004 y 2005, los donantes internacionales fueron alertados sobre la necesidad de intervenir ante la hambruna que asoló el Oeste de África y Nigeria. Occidente apartó la mirada y condenó a muerte a miles de personas. Solamente cuando las cámaras de televisión mostraron a niños demacrados muriendo, el mundo reaccionó. Pero ya era demasiado tarde. Según la ONU, si se hubiera actuado antes, salvar la vida de un niño hubiera costado 1$ frente a los 80$ que costó hacerlo con retraso.


Oxfam y CARE han dirigido su crítica más voraz hacia la industria de la asistencia alimentaria, argumentando que en ella, hay intereses de grupos corporativos que se benefician al entregar la ayuda a las personas más vulnerables del mundo.


“La ayuda alimentaria puede salvar vidas. Pero los intereses de grupos poderosos – el gran lobby de los granjeros y las empresas que empaquetan y transportan la comida – y las políticas de los gobiernos occidentales, hacen que la ayuda llegue demasiado tarde, con precios muy altos y cuando entra en los débiles mercados locales, desestabiliza la economía de los agricultores locales. Éstos ven obstruidas sus posibilidades de recuperación una vez finalizada la crisis” explica la directora de Intermón Oxfam.


Oxfam y CARE hacen un llamamiento para más ayuda, del tipo adecuado, en el lugar adecuado y en el momento adecuado. Específicamente las organizaciones demandan:
Entrega adecuada de la ayuda de acuerdo a las necesidades: es necesario comprender la relación entre inseguridad alimentaria crónica y pobreza extrema, para poder diseñar respuestas apropiadas. Se debe tener en cuenta también la gran dependencia y vulnerabilidad de las personas frente a los mercados.


Existen alternativas para que la ayuda alimentaria en las emergencias sea distribuida de forma más eficiente. Los sistemas de dinero por trabajo u otras formas de transacciones económicas son un ejemplo de ello. A menudo, en las crisis alimentarias no hay escasez de alimentos. El problema es que son demasiado caros para que la población pueda adquirirlos. Comprar los alimentos provenientes de la ayuda humanitaria puede incentivar la economía local y estimular el mantenimiento de agricultura del país.


Es necesario aplicar mecanismos sociales de protección para hacer frente a estos problemas que se repiten de manera crónica: asistir a los más vulnerables, proporcionar seguros para los agricultores y realizar acciones de prevención y mitigación como la creación de bancos de cereales, almacenaje local de los alimentos, incentivar la diversificación agrícola para que la seguridad de los agricultores no dependa de un solo cultivo, entre otros.


Apoyar e incrementar la capacidad de los gobiernos de los países pobres para responder a las crisis crónicas: Los gobiernos nacionales necesitan invertir en la protección social de sus ciudadanos. Es necesario que se implementen “redes de seguridad” (sistemas como el dinero por trabajo o la identificación de la población más vulnerable para dirigir prioritariamente la ayuda hacia ella), que se intervenga antes de que los medios de vida colapsen y preparar medidas de gestión ante los desastres.


Los donantes deben destinar sus recursos para fortalecer las respuestas locales y las redes de seguridad, como por ejemplo, en el programa de “Red de seguridad productiva” que asegura la asistencia a 8 millones de personas en Etiopía en caso de emergencia. El sistema de Naciones Unidas debe incluir mecanismos que permitan controlar de forma más efectiva y coordinada la ayuda internacional para combatir el hambre en el mundo.


Ante la reciente crisis alimentaria, Oxfam y pide:

  • Incrementar la inversión en agricultura de pequeña escala, tanto por parte de los donantes internacionales como de los gobiernos nacionales de los países en desarrollo, especialmente en el África Sub-sahariana. Gran parte de los gobiernos africanos no han cumplido la promesa que hicieron en el 2003 de destinar al menos un décima parte de su presupuesto a la agricultura y ahora están sufriendo las consecuencias. Países como Mali y Zambia son un ejemplo de cómo se puede pasar de depender de la ayuda alimentaria a ser exportador de cereales. Se necesita más apoyo internacional. Todos los agentes implicados deben asegurarse que las mujeres pueden acceder también a las oportunidades creadas.

 

  • Detener los incentivos hacia la producción de biocombustibles. La gran demanda por biocombustibles ha estimulado el incremento del precio de los alimentos y ha tenido un mínimo impacto en al reducción de las emisiones. El carbón natural se agota y se están destruyendo hectáreas de selva y bosques para cultivar productos destinados a la producción de biocombustibles, que a la vez, desplazan los cultivos de alimentos. Los países que lideran la demanda de biocombustibles (como los EE.UU y la Unión Europea) deben evaluar los impactos de sus políticas en seguridad alimentaria y apoyar financieramente a los países afectados.

 

  • Considerar la definición de targets obligatorios, en términos de población más vulnerable a las emisiones y a los efectos laterales de sus impactos sociales y ambientales -incluyendo el alto precio de los alimentos, la repartición de tierras y los abusos laborales. Los países en desarrollo necesitan integrar sus políticas de biocombustibles con las de seguridad alimentaria, para poder abordar temas como la propiedad de las tierras y el uso de los cultivos.

 

  • Garantizar que los pequeños agricultores tienen acceso a servicios financieros tales como seguros y créditos. En Tailandia, por ejemplo, los pequeños productores se encuentran en situación crítica a causa de la negativa de de los bancos a otorgarles préstamos para hacer frente al periodo entre cosechas.

 

  • Promover las políticas comerciales nacionales que tengan en cuenta medidas de seguridad alimentaria y el desarrollo rural y apoyar a los agricultores más pobres y marginados para que se beneficien de la actual subida de precios.

 

  • Reconocer que el cambio climático intensificará estos problemas, y que será necesario responder urgentemente con medidas mitigantes y de adaptación.

 

  • Eliminar aquellos subsidios agrícolas otorgados por los países ricos que distorsionan las exportaciones. Con ello, se corregirán flagrantes distorsiones en los mercados mundiales y se allanará el camino para encontrar una solución a largo plazo que estabilice el precio de los alimentos. Las potenciales implicaciones negativas de la Importación Neta de Alimentos de Países en Desarrollo puede ser reconducida mediante políticas nacionales y salvaguardas.


“Es evidente que hay muchas acciones que los gobiernos pueden llevar a cabo para abordar el tema del hambre, “ manifestó Jonathan Mitchell,  director de respuesta a emergencias de CARE. “Lo que ha trascendido en esta conferencia es que las agencias de ayuda humanitaria se han comprometido a encontrar nuevas soluciones. Ahora necesitamos que las agencias de ayuda se responsabilicen y que los gobiernos apoyen estos cambios."

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