Bolivia - Huyendo hacia tierras de libertad

A sus 15 años Amanda escapó de la hacienda en la que trabajaba. Huía del maltrato de sus patrones, precarias condiciones de vida y un futuro que la condenaba a la miseria y la dependencia. Como cientos de familias guaraníes del oriente boliviano, la suya no tenía tierra ni libertad.

Dos años después, Amanda se casó. Tuvo ochos hijos a los que mantuvo trabajando como empleada doméstica. Para las mujeres, la pobreza, la falta de acceso a la tierra y condiciones para producirla supone, muchas veces, depender de los ingresos de sus compañeros o dedicarse a tareas que reproducen el rol de sirvienta que las sociedades le han impuesto.

“Yo no sabía que tenía tantos derechos, conocerlos me cambió la vida a mí a y gente” cuenta Amanda emocionada. “Ahora tenemos tierra y sabemos como producirla, tenemos ganado, ovejas de pelo y hasta nos volvimos productores de miel. Lo bueno es que lo hacemos organizados como comunidad”.

El trabajo de Oxfam en la desértica y olvidada región Chaco de Bolivia ha contribuido a generar condiciones que permiten a las comunidades recuperar poder y control sobre la tierra; desarrollar agricultura, cría y venta de animales y planificar el uso que darán a los recursos naturales.  Eso se traduce en más ingresos, más derechos y el fortalecimiento de la Asamblea del Pueblo Guaraní –máxima instancia de representación de esa nación indígena.

En 1950 el 4,2% de la población de Bolivia tenía en sus manos el 70% de las tierras de la zona oriental del país. Hoy –y tras la presión indígena y campesina por la tierra que empezó en los 90s- más de 28 millones de hectáreas han sido tituladas a nombre de comunidades o pueblos originarios, de esas, al menos 1.7 millones de hectáreas se regularizaron con apoyo de Oxfam y sus aliados en el país.

Y esa es la historia. Amanda pasó de servir a sus patrones a ser propietaria, administradora de sus ingresos, defensora de derechos y dirigenta. Hoy es secretaria de infraestructura y producción de la Capitanía de Macharetí, instancia de gobierno de su comunidad. La suya, ella misma cuenta, fue una huida hacia la libertad.

Por Susana Arroyo/Oxfam