Las organizaciones de la sociedad civil egipcias mantienen la fe en la democracia

Ahora que el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, se ha convertido en el nuevo presidente de Egipto, algunas personas temen el fin de la revolución y el comienzo de un invierno árabe. No obstante, parte de los socios de Oxfam en en Egipto mantienen el optimismo.

Dos de estos socios de Oxfam, ambos personajes destacados de la sociedad civil egipcia, opinan que la elección de Morsi supone un nuevo e importante punto de inflexión en la transición de Egipto de la dictadura hacia la democracia. Esto no significa que los socios de Oxfam reciban la presidencia de Morsi con los brazos abiertos. Ninguno de los candidatos a la presidencia que alcanzaron la segunda vuelta en las elecciones reflejaba las aspiraciones de una democracia real, fundamentada en el pluralismo y la ausencia de discriminación, la justicia social y la dignidad humana que reclamaban los manifestantes el año pasado en Egipto.

La lucha contra pobreza y a favor de los derechos de mujeres, los derechos de las minorías y la aplicación de la ley siguen siendo claros objetivos para los socios de Oxfam en Egipto. Y pretenden seguir muy de cerca a las nuevas autoridades y controlar su cumplimiento de los derechos de las mujeres y los derechos humanos, así como la atención prestada a las situaciones de probeza.

Confiando en un cambio positivo 

No obstante, los socios de Oxfam confían en que aquellas personas que encendieron la mecha de la revolución continuarán ejerciendo su influencia sobre la evolución en Egipto.

"Si observamos los resultados de la primera ronda de las elecciones, Morsi y Shafik ―los candidatos que llegaron a la segunda ronda ― sumaban apenas el 47 por ciento de los votos", comenta Alaa Shukrallah, fundador y asesor principal del Centro de Apoyo al Desarrollo. "Más de la mitad de los votos fueron para otros candidatos, personas que no eran ni de los Hermanos Musulmanes ni del viejo régimen. Así que hay otra fuerza en la sociedad egipcia, una fuerza que representa las aspiraciones de millones de trabajadores y jóvenes y las personas que empezaron la revuelta".

Maher Bushra, director ejecutivo de la Asociación "Una Vida Mejor", de Minya, en el Alto Egipto, asiente: "Morsi ha resultado elegido en unas elecciones libres y justas. Sin embargo, se alzó con la victoria con un porcentaje ínfimo". Si al escaso margen de la victoria se añade el hecho que sólo el 51 por ciento de las personas con derecho a voto acudieron a las urnas, la opinión de Bushra queda patente: El respaldo popular a Morsi es todo menos abrumador.

La sociedad civil se moviliza

Se mida como se mida, el éxito o fracaso de la revuelta no debería calibrase solo por las urnas. Desde el comienzo de la revuelta, hace un año y medio, las personas han ido tomando más control sobre sus propias vidas. Shukrallah señala el movimiento sindical como prueba: "El movimiento estuvo monopolizado por el antiguo régimen autoritario durante más de medio siglo. Y ahora existen unos 800 sindicatos independientes". Y el movimiento sigue creciendo. Shukrallah comenta cómo siguen surgiendo nuevos partidos incluso ahora, y se desafía a aquellos adeptos al antiguo régimen mediante la creación de comités populares de ámbito local.

La abundancia de iniciativas locales puede resultar difícil de encauzar hacia una voz nacional con peso. Bushra afirma que el movimiento reformista necesita más unidad: "Solo mediante un trabajo conjunto obtendremos mayor poder". Propugna una coalición amplia que represente a los reformistas. Expone que "Una Vida Mejor" apoyará al nuevo gobierno, puesto que ha sido elegido democráticamente. "Pero alzaremos la voz si no respetan sus promesas". De este modo, la sociedad civil permanecerá activa en la defensa los derechos de las mujeres y todo lo concerniente a las personas que viven en la pobreza. "Estaremos ojo avizor con respecto a las nuevas autoridades y su cumplimiento de los derechos de las mujeres y los derechos humanos".

Bushra añade que los grupos de la sociedad civil harán hincapié para que se establezca un estado civil. Tras décadas de dictadura militar, Bushra no desea asistir al surgimiento de una autoridad de cariz religioso. Propugna un estado que se base en la aplicación de la ley, que garantice la justicia e igualdad a todos.

La solidaridad internacional

Los egipcios con ideas reformistas se dan cuenta de que la transición hacia la democracia es un proceso al que le queda mucho por andar. Las iniciativas locales son importantes para este proceso, pero también los son los avances regionales e internacionales. Las organizaciones internacionales como Oxfam tiene una función que desempeñar para apoyar la transición a democracia. Alaa Shukrallah opina que Oxfam puede ayudar crear solidaridad internacional con los egipcios, solo con mostrar una imagen realista del país, en toda su diversidad. 

 

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