Paraguay

Trabajamos para mejorar la vida la población campesina e indígena, hoy afectada por la pobreza y el cambio climático y víctima de un modelo de producción agropecuario excluyente y concentrador de la tierra. Buscamos contribuir a la organización de un modelo de país más justo, con uso más equilibrado de los recursos naturales, un reparto más equitativo de la riqueza que estos generan y donde las poblaciones más desatendidas vean, por fin, cumplidos sus derechos.  

Junto a sus seis millones de habitantes –cerca de la mitad instalados en zonas rurales- viven 12 millones de cabezas de ganado: el comercio de la carne y la agricultura son los principales motores de su economía. El país destaca también por su baja carga tributaria: no existe impuesto a la renta personal ni a la exportación de la soja, su grano de oro y uno de los agravantes de la concentración de tierra: el 2,6% del total de propietarios posee el 85,5% del territorio.  
 
La soja agrava los conflictos por la tierra en la zona fronteriza con Brasil. La totalidad de la frontera está hoy en manos de brasiguayos, personas brasileñas que dedican más de un millón de hectáreas de territorio paraguayo a la producción agropecuaria. El bajo precio de la tierra, impuestos casi inexistentes y mano de obra barata explican esta apropiación, una nueva amenaza al derecho a la tierra y territorio de la población indígena y campesina, especialmente de las mujeres.

Oxfam en el país

Creemos que existen las condiciones potenciales para mejorar la vida de miles de paraguayas y paraguayos y de la mano con ellos trabajamos para:

  • Fortalecer organizaciones campesinas, mixtas y de mujeres, promoviendo sus alianzas y mejorando su capacidad de diálogo y propuesta en el marco de políticas públicas que incentiven la agricultura familiar campesina, el desarrollo rural y el derecho a la tierra.  
  • Regular la agroindustria y demostrar la viabilidad e importancia de la agricultura familiar campesina para la economía del país, para alcanzar estándares de seguridad alimentaria nacional, como herramienta para lograr indicadores de bienestar, desarrollo social y equidad de género de la población en su conjunto y rural en especial.  
  • Mejorar la política fiscal, vinculándola al incremento de la inversión social de calidad: especialmente dirigida a la agricultura familiar campesina,  sensible a las desigualdades de género y con acciones positivas en favor de las mujeres agricultoras.   
  • Reducir la pobreza, desigualdad e inseguridad alimentaria de los pueblos indígenas, mejorando la resistencia de sus medios de vida y su capacidad para adaptarse al cambio climático.
  • Fortalecer a los pueblos indígenas para que demanden sus derechos y exijan su participación en el diseño, control y seguimiento de políticas de seguridad alimentaria, reducción de riesgos de desastres, tenencia de la tierra y acceso a agua y saneamiento.  

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