Los desastres climáticos van en aumento a medida que suben las temperaturas y se intensifican las precipitaciones. Uno de los aspectos más preocupantes es la creciente incidencia de los pequeños y medianos desastres. Sin embargo, el clima extremo no es la única causa de los desastres; la pobreza y la falta de poder generan vulnerabilidad. Aunque se necesita más ayuda de emergencia, la respuesta humanitaria debe hacer más que salvar vidas: debe incluir estrategias de adaptación al cambio climático y debe proteger la vida de los pobres mediante estrategias de protección social y de reducción del riesgo de desastres.
Resumen
Los desastres climáticos van en aumento a medida que la Tierra se calienta – de acuerdo con observaciones científicas y modelos climáticos basados en simulaciones por ordenador. 2007 ha sido el año de las crisis climáticas, particularmente de inundaciones, muchas de las cuales han alcanzado extremos sin precedentes. Entre ellas se encuentran las peores sufridas por África en las últimas tres décadas, inundaciones sin precedentes en México, inundaciones muy graves en Asia meridional y olas de calor e incendios en Europa, Australia y California. A mediados de noviembre las Naciones Unidas ya habían lanzado 15 llamamientos de urgencia, más que en ningún otro año. Excepto uno, todos ellos eran en respuesta a desastres climáticos.
El número de riesgos derivados del clima va en aumento y cada vez afecta a más personas debido a la pobreza, la falta de poder, el crecimiento demográfico y el movimiento y desplazamiento de personas a zonas marginales. El número total de desastres climáticos se ha cuadruplicado en las últimas dos décadas – en su mayoría inundaciones, ciclones y tormentas. Durante el mismo periodo de tiempo, el número de personas afectadas por desastres ha aumentado, de media, de unos 174 millones a unos 250 millones al año. Los pequeños y medianos desastres se producen con más frecuencia que los grandes, que son los que aparecen reflejados en los titulares de prensa.
Sin embargo, los fenómenos climáticos extremos no tienen por qué ocasionar necesariamente los desastres; éstos dependen del grado de vulnerabilidad humana – la capacidad de resistir impactos externos. Los países y personas pobres son mucho más vulnerables debido a su pobreza. A su vez, los desastres socavan el mismo desarrollo que podría conducir a un mayor grado de resistencia. Una serie de impactos consecutivos – por pequeño que sea cada uno de ellos – puede empujar a personas y comunidades pobres a una caída en espiral hacia la indigencia y mayor vulnerabilidad, de las que difícilmente se recuperan.
Este tipo de shocks pueden estar relacionados con el clima y con baches económicos, o deberse a conflictos o a la propagación de enfermedades como el VIH/SIDA. Este tipo de shocks afectan en mayor medida a las mujeres: son ellas las que se ocupan de buscar agua y las que dependen más directamente del acceso a los recursos naturales para alimentar a sus familias; disponen de menos reservas de recursos que los hombres y, a menudo, tienen menos poder que ellos para exigir que se cumplan sus derechos de protección y asistencia.
Actualmente, la aceleración del cambio climático causa cada vez más inundaciones, sequías, clima extremo y estaciones impredecibles. El cambio climático puede aumentar enormemente la pobreza y la desigualdad globales, afectando en primer lugar y en mayor medida a las personas que menos contribuyen a las emisiones de gases invernadero – agravando su vulnerabilidad frente a los desastres.
Aún hay esperanza. El sistema humanitario global ha ido mejorando su capacidad de reducir las tasas de mortalidad causadas por las crisis de salud pública resultantes de shocks importantes como inundaciones y sequías. Pero la respuesta humanitaria sigue concentrándose en los casos de más alto perfil y con toda seguridad será totalmente insuficiente a medida que sigan subiendo las temperaturas globales, si no se toman pronto las medidas adecuadas.


