“No es posible formar a profesores o llevar los servicios sanitarios a áreas rurales sin saber si se dispondrá de los fondos para mantenerlos”
Robert Fox Director Ejecutivo de Oxfam Canadá
Después de un día de intensas negociaciones en Accra, Ghana, aumenta la presión en una cumbre mundial fundamental para conseguir un avance decisivo sobre la forma en que funciona la ayuda humanitaria. Los temas principales que están en juego incluyen el acuerdo de los países financiadores para establecer compromisos a largo plazo de ayuda al desarrollo y el uso de sus propios sistemas nacionales en lugar de crear un cuerpo burocrático paralelo para el reparto de ayuda, según explica la agencia Oxfam Internacional.
Los negociadores de los países contribuyentes y de los países en vías de desarrollo se reúnen a puerta cerrada para salir del punto muerto en el que se encontraban dado que hoy dan inicio las sesiones formales del Foro de Alto Nivel sobre la Efectividad de la Ayuda. Pero las frustraciones van en aumento a medida que se acerca el plazo límite para alcanzar un acuerdo.
El compromiso para la prestación de ayuda a largo plazo se convirtió en un tema espinoso en las negociaciones con los Estados Unidos y Japón.
“La cuestión de los compromisos de ayuda firmes y a largo plazo es fundamental”, afirmó Robert Fox, responsable de la delegación de Oxfam Internacional. “Los países en vías de desarrollo deben saber con qué financiación cuentan para los próximos 3 ó 5 años a la hora de calcular qué inversión realizarán en materia de sanidad y educación. No es posible formar a profesores o llevar los servicios sanitarios a áreas rurales sin saber si se dispondrá de los fondos para mantener dichos servicios al año siguiente”.
Otro asunto polémico es el nivel de implicación directa que deben tener los países contribuyentes en los programas de ayuda. La mayor parte de estos países y casi todos los países en vías de desarrollo están de acuerdo en que la ayuda debe distribuirse a través de sistemas locales, siempre que sea posible. Sin embargo, hoy en día menos de la mitad de la ayuda total se distribuye a través de dichos medios. Aunque los países en vías de desarrollo han mejorado sus propios sistemas, los países contribuyentes no los utilizan para repartir la ayuda.
“Cuanto antes garanticemos que la ayuda en dólares contribuye a reforzar la capacidad de los países en vías de desarrollo de satisfacer sus propias necesidades, mejor”, puntualizó Robert Fox. “El desarrollo apropiado se sustenta en las capacidades y medios de los gobiernos nacionales y de las comunidades locales. La ayuda aportada debería reforzar la capacidad local en lugar de fomentar la aparición de emporios de ayuda paralelos o de apoyarse demasiado en contratistas o consultores del norte”.
En Mozambique, por ejemplo, los países contribuyentes aportaban 350 millones de dólares al año, un importe fijo repartido entre más de 3 500 consultores y que supone 4 veces el sueldo anual de 100 000 trabajadores del sector público de Mozambique.
“¿Acaso los gobiernos de los países en vías de desarrollo no tienen motivos suficientes para sentirse frustrados?”, dijo Robert Fox. “Está claro que necesitamos grandes cambios en la forma en la que se distribuye la ayuda humanitaria ya que el statu quo actual presenta muchas deficiencias. Se necesitan compromisos reales y pasar a la acción, y la clave para conseguir un verdadero avance está en priorizar los intereses de hombres y mujeres, tanto adultos como niños, que viven en situación de extrema pobreza”.
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