Una mujer trabajando en una viña en Stellenbosch, Sudáfrica. Autor: Paul Weinberg/Oxfam
Los empresarios explotan a las trabajadoras, haciendo que renuncien a derechos laborales

Las trabajadoras pagan el pato de la crisis económica

“Sin coberturas como el seguro de desempleo, las mujeres que se quedan sin trabajo se convierten rápidamente en indigentes”
Bethan Emmett
Consejera política, Oxfam
Publicado : 29 de marzo 2009

La crisis económica mundial está arrasando con las vidas de trabajadoras vulnerables y con la de sus familias, según explicaba Oxfam a través de un informe difundido hoy, previamente a la celebración de la cumbre del G20 en Londres.

Las investigaciones preliminares realizadas en 10 países de Asia y América Latina sugieren que las trabajadoras de las empresas productoras para la exportación, como las del sector textil o de la electrónica, son las primeras en ser despedidas, sin finiquito ni indemnizaciones. En Asia, hay informes que muestran cómo los tratantes de blancas se acercan a estas mujeres que han sido despedidas de las fábricas y les ofrecen trabajar para ellos en países occidentales.

El comportamiento de las empresas presionadas para recortar costes, y la falta de ayudas por parte de los gobiernos ponen en serio peligro la salud y estabilidad de las trabajadoras y de sus familias.

Bethan Emmett, autora del informe de Oxfam (en inglés) afirma que: “Las mujeres de los países pobres constituyen el motor del desarrollo y el progreso, asumiendo riesgos y trabajando duro para ofrecer todo lo posible a sus familias. Ahora, tanto sus vidas como las de sus hijos, son todavía más precarias. Es inaceptable que las mujeres que viven en la pobreza tengan que pagar el pato de los errores cometidos por los países ricos.

Las investigaciones llevadas a cabo por Oxfam demuestran que en la mayoría de los casos las mujeres trabajan en puestos con una mayor inseguridad y donde gozan de menos derechos. Muchas de ellas son emigrantes de zonas rurales, cuyas familias dependen de sus ingresos para sobrevivir y poder enviar a los niños a la escuela.

En Camboya, por ejemplo, más del 90% de los operarios de las fábricas textiles son mujeres. Desde el comienzo de la crisis, se han perdido 30 000 puestos de trabajo, y en muchos casos las empresas no dieron preaviso a los trabajadores, ni pagaron el finiquito o indemnizaciones. “Estamos acampadas a las puertas de la fábrica, esperando a que la empresa nos pague”, le explicaba una trabajadora despedida, la Sra. Kry Chamnan, a Oxfam.

Esta historia se repite también en otros países, y la negación de algunos derechos laborales fundamentales (ya habituales en empresas productoras para la exportación) se está intensificando. Los proveedores están sintiendo el tirón que trae la caída de la demanda mundial y la presión de las empresas asentadas en los países desarrollados, intentando reducir costes, lo que trae consigo repercusiones para los más vulnerables.

Los empresarios están explotando a las trabajadoras de segunda, haciendo que renuncien a derechos laborales establecidos por convenio y presionándolas para que firmen cartas de renuncia de forma que los eximan de pagar indemnizaciones por despido.

“Ahora una persona tiene que realizar el trabajo de 3 por el mismo sueldo, y con los empresarios presionando, de forma que cualquier fallo es susceptible de provocar tu despido. De esta forma se eximen de pagar indemnizaciones por despido”, explicaba la Sra. Xiao Hong, trabajadora de una fábrica en China.

Fan, que trabaja para otra fábrica en China, explicaba: “Recuerdo como el jefe decía que la fábrica volvería a abrir después de Año Nuevo. Ve y mira la fábrica hoy, ya no hay nadie allí, han cerrado las puertas, y ha cambiado la guardia de seguridad. Y los empresarios te dirán que la fábrica está como estaba, que no se cierra. Nadie quiere admitir la verdad, pero hay que ser tonto para creerse sus mentiras”.

En El Salvador, Ruth Cerna, es una de los 1 700 trabajadores despedidos en noviembre al cerrar una fábrica dedicada a la producción de piezas para máquinas. “Muchas de las mujeres empleadas estaban embarazadas, y muchas acabaron enfermas y sin nada. Ya han pasado tres meses desde el cierre de la fábrica y no nos han dado nada, ni la indemnización, ni el finiquito…”, afirmaba Ruth.

La Sra. Emmett, de Oxfam, apuntaba: “Sin coberturas como el seguro de desempleo, las mujeres que se quedan sin trabajo se convierten rápidamente en indigentes. Si fallamos en nuestras acciones presentes para proteger los derechos de las mujeres que viven en la pobreza, esto repercutirá negativamente en el desarrollo en general, además de en las vidas de estas mujeres y de sus familias en concreto.