Cazu Barroz es un actor y escritor brasileño que lleva más de 17 años viviendo con el VIH. Además de las telenovelas y películas en las que actúa, Cazu utiliza su profesión de actor para promover una causa en la que cree. Trabaja con el Ministerio de Salud brasileño en la campaña ”˜Prevención Positiva', que busca empoderar a las personas que viven con el VIH y el SIDA para que hagan realidad sus sueños. Cazu habló con Oxfam sobre lo que había supuesto para él vivir con la enfermedad, así como sobre su papel de activista contra el VIH y el SIDA.
¿Cómo contrajo el VIH?
Me infecté a los 17 años, por no utilizar un preservativo en unas relaciones heterosexuales.
¿Cómo cambió eso su vida?
Tuve que abandonar mis estudios y mi carrera de administración de empresas y empezar a luchar contra la discriminación. Tanto en el instituto como en el trabajo mis compañeros y mis superiores me rechazaron. Cambié de profesión y me convertí en actor. Utilizo mi nueva profesión para combatir el SIDA, realizando obras de teatro que informan sobre cómo evitar la infección por el VIH, y contra la discriminación.
¿En qué programas de VIH y SIDA participa?
Llevo 17 años en la lucha contra el SIDA. Como miembro de la Comisión Estatal sobre SIDA, hablo con el ministro, con el gobernador o con el alcalde cuando hay problemas de escasez de medicamentos, de pruebas, o de camas. Les exijo que actúen para abordar el problema. Lo hago por todas las personas que viven con el SIDA.
¿Por qué participa en programas contra el SIDA?
Poco después de verme infectado, sufrí toda clase de discriminación por ser portador del VIH. Y aunque en 1990 no tenía mucha información sobre el SIDA, pensé que lo que me estaba haciendo la gente era injusto e innecesario. Fui rechazado por la sociedad, y así descubrí al Grupo Pela Vidda (Grupo por la Vida) en Rio de Janeiro. En él encontré a personas que me escuchaban, que no me condenaban a morir, ni me consideraban una amenaza para la vida de los demás. Me uní al grupo y sigo luchando hasta hoy, no sólo por mí, como hacía en un principio, sino por todas las personas que viven con el SIDA en Brasil.
¿Conoce alguna historia excepcional, motivada por su activismo o sus actividades?
La historia que más me ha impactado es una que me llegó hace poco por medio de un mensaje de correo electrónico, de una persona cuya madre pensaba abortar al descubrir que era VIH positiva. Al ver mi cartel, que está colgado en casi todos los hospitales y centros de salud del país, y lleva el mensaje “La vida es más fuerte que el SIDA”, decidió no abortar. Eso fue como una medalla de oro para mí.
En Brasil hay alrededor de medio millón de personas que viven con el VIH, y un tercio de los casos de VIH de toda América Latina se dan en Brasil.
Fue el primer país en desarrollo en aportar medicamentos antirretrovíricos gratuitos para la población. Estos medicamentos pueden prolongar y mejorar la calidad de vida de las personas que viven con el VIH y el SIDA.
Por ello, unas 161.000 personas están recibiendo este tratamiento de forma gratuita a través del servicio público de salud. Pero el gobierno brasileño tiene gran dificultad en conseguir este tratamiento para todas las personas necesitadas. Y la principal dificultad es mantener la gratuidad del tratamiento, dados los altos precios impuestos por las compañías farmacéuticas internacionales. A medida que aumenta el número de personas con VIH, más son las personas que necesitan antirretrovíricos gratuitos.
Además, muchas personas se están volviendo resistentes a los medicamentos que hay en Brasil. Necesitan medicamentos nuevos, más caros. A principios de año, el presidente Lula de Brasil negoció con una de las principales compañías farmacéuticas la posibilidad de suministrar versiones asequibles de los antirretrovíricos de marca para la población brasileña. Estas largas negociaciones supusieron un paso adelante para Brasil, y sirvieron de advertencia a las compañías farmacéuticas de que los gobiernos tienen derecho a distribuir medicamentos más baratos para luchar contra enfermedades como el VIH y el SIDA. El gobierno brasileño debe desempeñar también la difícil labor de concienciar a la población en la prevención de la infección por el VIH y la lucha contra la discriminación.
El ejemplo de Cazu está logrando cambiar vidas. Pero aún queda mucho por hacer. El gobierno brasileño debe seguir luchando por la prevención del VIH y un mejor tratamiento para todos, y la comunidad internacional debe apoyar esta labor para garantizar que todas las personas puedan acceder a la atención sanitaria.