Dolmingas dos Saleios Correia, Angola

Dolmingas dos Saleios Correia, del distrito de Luanda en Angola, es VIH positiva. Perdió a su marido y a dos de sus hijos por el SIDA. Descubrió que era VIH positiva al enfermar gravemente su tercer hijo con malaria y neumonía crónica. “El médico le retiró el suministro de oxígeno a mi bebé, y le quitó el goteo. Así me enteré de que era VIH positiva”.

Dolmingas dos Saleios Correia, del distrito de Luanda en Angola, es VIH positiva. Perdió a su marido y a dos de sus hijos por el SIDA. Descubrió que era VIH positiva al enfermar gravemente su tercer hijo con malaria y neumonía crónica. “El médico le retiró el suministro de oxígeno a mi bebé, y le quitó el goteo. Así me enteré de que era VIH positiva”.   

Dolmingas no recibió los cuidados que hubiera necesitado para el nacimiento de sus segundo y tercer hijos. Dice sentirse traicionada por el pobre sistema de salud. “Mi segundo hijo nació casi en el suelo. No había camas en la sala de maternidad. Durante dos horas estuve tumbada en un catre de metal, y luego me dijeron que caminara hasta otra zona del hospital para dar a luz. Me desmayé.” 

“Aquí nos falta de todo. Cuando nació mi tercer hijo, tuve que usar la misma cama que otras 3 ó 4 mujeres, todas sangrando sobre las mismas sábanas. Pero incluso las enfermeras mezclaban la sangre, usando los mismos guantes para ayudarnos a todas,” añade.

Dolmingas cree que su tercer hijo murió sin necesidad. “Si mi hijo hubiera recibido una mejor atención, habría vivido. Permaneció seis meses en el hospital público. Logró sobreponerse a la neumonía, pero fui yo, no las enfermeras, quien le cuidó, quien le daba las medicinas todos los días. Pasados esos seis meses le llevé a casa, pero nunca mejoró. Tres meses más tarde, murió.”

Dolmingas se dedica ahora a luchar por conseguir unos mejores servicios. Contando su propia tragedia, ayuda a otras personas a buscar ayuda. “Utilizo mis propias experiencias para animar a las mujeres a que se protejan. De ese modo, todo mi dolor no podrá conmigo, sino que será una victoria para otras mujeres.” Formada como educadora por Oxfam y nuestras contrapartes locales, ha enseñado a numerosos hombres y mujeres afectados por el VIH cómo vivir de forma positiva y cómo convertirse en activistas para luchar contra la enfermedad. También es prueba palpable de que los antirretrovíricos pueden mejorar sensiblemente la salud de las personas infectadas por el VIH. Su condición de VIH positiva permite a Dolmingas ofrecer algo más que información sobre pruebas y tratamiento: inspira fuerza y ánimo en las personas. “Las cosas van mejorando. Los antirretrovíricos ahora están disponibles en forma de jarabe para los niños, de forma gratuita. Pero aún quedan muchos problemas,” afirma. 

“Hoy hay aproximadamente 15.000 niños recibiendo tratamiento con antirretrovíricos en el hospital infantil de Luanda, pero sólo hay dos médicos. Es decir, un médico por cada 7.500 niños. En el hospital público, hay 10.000 adultos recibiendo tratamiento con antirretrovíricos, y sólo 10 médicos.”

En 2004, el Ministerio de Sanidad de Angola introdujo medicamentos antirretrovíricos gratuitos para combatir la infección por el VIH. Los 30 años de guerra civil que asolaron Angola sirvieron para limitar los movimientos de la población, protegiendo así a los ciudadanos del rápido incremento en la tasa de transmisión del VIH y el SIDA que se dio en muchos países del mundo. Tras el fin de la guerra civil en 2002, el incremento en las rutas de transporte significó un aumento de la movilidad, con el consecuente crecimiento en la tasa de transmisión del VIH en las zonas rurales. Pese a que menos del 5% de personas adultas en Angola están infectadas por el VIH (una tasa menor que en otros países del sur de àfrica), hay que actuar ahora para evitar una epidemia.

Cientos de miles de personas como Dolmingas podrían llevar una vida normal si el gobierno y la comunidad internacional prestan apoyo para lograr un mayor número de trabajadores sanitarios y mejores servicios de salud en los hospitales públicos.