Naleenart, Tailandia

Naleenart es VIH positiva, pero tuvo la suerte de poder recibir tratamiento y asesoramiento durante el embarazo para reducir el riesgo de transmitir el virus a su bebé. Su hija fue sometida a una primera prueba del VIH a los dos meses de edad, y a una segunda dos meses después para confirmar el diagnóstico. Afortunadamente, dio negativo. Sin el tratamiento recibido por Naleenart, el resultado podría haber sido otro.

Naleenart es VIH positiva, pero tuvo la suerte de poder recibir tratamiento y asesoramiento durante el embarazo para reducir el riesgo de transmitir el virus a su bebé. Su hija fue sometida a una primera prueba del VIH a los dos meses de edad, y a una segunda dos meses después para confirmar el diagnóstico. Afortunadamente, dio negativo. Sin el tratamiento recibido por Naleenart, el resultado podría haber sido otro.

Puede parecer normal que Naleenart recibiera un tratamiento capaz de salvar la vida de su hija. Pero la realidad es que, en muchos países pobres, conseguir que los medicamentos adecuados lleguen hasta las personas que los necesitan para reducir el impacto del VIH y el SIDA es enormemente difícil. 

Las grandes compañías farmacéuticas patentan los medicamentos esenciales para venderlos como productos de marca, a precios muy altos. Esto significa que las personas en Tailandia tienen grandes dificultades a la hora de conseguir las medicinas que necesitan. Y significa también que los programas públicos de salud tailandeses encargados de proporcionar medicamentos contra el SIDA a las personas que los necesitan no pueden pagar estos medicamentos de marca. En diciembre de 2006, Tailandia se convirtió en el primer país en desarrollo en hacer uso de un acuerdo de la Organización Mundial de Comercio sobre derechos de propiedad intelectual para abaratar los costes y conseguir medicinas más asequibles para más personas.   

 Tom Greenwood/Oxfam

Por medio de este acuerdo, Tailandia pudo conseguir versiones genéricas, más baratas, de los medicamentos antirretrovíricos, medicinas que retrasan los efectos del VIH y prolongan la vida de las personas afectadas por el VIH. Dado que en Tailandia hay más de un millón de personas con VIH, este tratamiento resulta fundamental. Al utilizar versiones genéricas de los medicamentos, el gobierno de Tailandia ahorrará más de 100 millones de dólares en los próximos cinco años, por lo que podrá proporcionar tratamiento a 100.000 personas VIH positivas más.

No obstante, este acuerdo de 2006 generó enorme controversia en todo el mundo. Las grandes compañías farmacéuticas acusaron al gobierno tailandés de infringir las patentes sobre medicamentos y menoscabar su trabajo creativo e innovador. Estas compañías han castigado a Tailandia por el hecho de haber luchado por conseguir medicinas más baratas para sus ciudadanos. Una compañía farmacéutica, por ejemplo, tomó la represalia de no introducir siete nuevos medicamentos en Tailandia. 

El gobierno de Tailandia está cumpliendo su deber de proporcionar servicios de salud para todos, y está consiguiendo que las personas más pobres de Tailandia tengan acceso a los medicamentos que necesitan.

Pero más de 8.000 tailandeses han desarrollado resistencia ante los tipos de medicamentos antirretrovíricos disponibles en Tailandia, o padecen efectos secundarios graves como consecuencia de ellos. Esto quiere decir que se necesitan medicinas más avanzadas. Pero esas medicinas más avanzadas están disponibles sólo como medicamentos de marca, y por tanto resultan muy caras. Todo ello significa que el gobierno tailandés deberá emplear más tiempo y más dinero en mantener la lucha por conseguir el tratamiento adecuado para la personas que viven con el VIH.

Queda mucho por hacer en Tailandia, y mucho por hacer en todo el mundo. Pero Tailandia debe ser alabada por los esfuerzos que ha realizado. Miles de tailandeses reciben tratamiento, y Tailandia ha dejado oír su voz por unas reglas más justas que beneficien a las personas más pobres.