Honduras: "A pie de calle" contra la violencia de género

Las chonas, las mujeres hondureñas que forman parte del Movimiento de Mujeres por la Paz Visitación Padilla (su sobrenombre es el diminutivo de Visitación), han sabido crecer poco a poco hasta ganarse un hueco en los espacios públicos. A través de los colectivos organizados educan, se movilizan, sensibilizan a las mujeres que sufren la violencia en silencio y que necesitan saber que, si se atreven a dar el paso de la denuncia, tendrán a alguien detrás. Todo con la ayuda de Oxfam Gran Bretaña.

142 mujeres forman un círculo doble. Permanecen en silencio. Cada una de ellas porta una cruz. Cada cruz con un nombre. Todas con una lágrima de papel pegada en su rostro. El llanto real va por dentro. En una plaza cercana al Congreso de Honduras piden justicia para las mujeres asesinadas, víctimas de la violencia doméstica.

Las que se manifiestan en silencio son "las chonas". Y ese sobrenombre las ha colocado en el panorama político y social de Honduras. Los policías las respetan, los políticos las escuchan, los jueces no quieren enemistarse con ellas.

El país centroamericano, uno de los más pobres de América Latina (es el tercer país latinoamericano por la cola en el àndice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas), no es un paraíso para las mujeres. La impunidad y una justicia poco justa ha elevado las cifras de muertes por violencia doméstica en los hogares hondureños.

Desde el año 2000, las autoridades judiciales hondureñas han recibido más de 34.000 denuncias de mujeres que han sido víctimas de violencia intrafamiliar. Las estadísticas asustan, de cada 10 mujeres que inician una denuncia, tres mueren a manos de sus agresores.

 David Viñuales/OxfamLas chonas, las mujeres que forman parte del Movimiento de Mujeres por la Paz Visitación Padilla (su sobrenombre es el diminutivo de Visitación), han sabido crecer poco a poco hasta ganarse un hueco en los espacios públicos. El trabajo voluntario alcanza a toda la estructura de la organización. A través de los colectivos organizados ”“existen 41 grupos de chonas por todo el país, que agrupan a más de 3.000 mujeres”“ educan, se movilizan, sensibilizan a las mujeres que sufren la violencia en silencio y que necesitan saber que, si se atreven a dar el paso de la denuncia, tendrán a alguien detrás.

El trabajo de las consejeras en violencia doméstica, las que están a ”˜pie de calle', es parte de la esencia de su trabajo. A través de ellas, son más de 70, atienden a las víctimas, las acompañan en su particular vía crucis ”“desde el hospital, al cuartel de la policía y al juicio”“, siempre respetando la decisión de las víctimas, y les sirven de apoyo en su proceso de recuperación física y psicológica.

María Izcano es una de las consejeras. Puede predicar con el ejemplo. Ella fue una víctima que escapó de su propio infierno y ahora “ya he aprendido a luchar por mí, por mis hijas y por las demás mujeres que viven en el país”. Sabe que en la educación esta la base que las hace más fuertes: “mis hijas están aprendiendo a luchar para no ser abusadas por ningún hombre”. Ella nunca olvida que su trabajo implica riesgos. No será la primera vez, ni será la última, que alguna de las consejeras es amenazada por hombres que han pegado a sus esposas.

La movilización popular y su proceso de empoderamiento político caminan en paralelo a su trabajo de atención a las víctimas. Las chonas saben que necesitan fuerza para cabildear las leyes que protejan a las mujeres y que castiguen a los violentos. Por eso trabajan para lograr la paridad de género en el Congreso (en estos momentos ronda el 30%), ya han logrado una ley de paternidad y han logrado acuerdos en el sistema de salud para que los médicos documenten en sus informes los casos de violencia doméstica.

Han logrado grandes éxitos, empezando por haber logrado que la sociedad reconozca la violencia como un problema grave en la vida de las mujeres. Pero falta un largo camino por recorrer y Gladis Lanza lo tiene claro: “El sistema nos educa para pensar que la violencia es normal y que las mujeres hemos nacido para sufrir. Nuestro trabajo es desenmascarar ese sistema porque la violencia contra las mujeres nunca se justifica”.

Texto: David Viñuales/Oxfam