
Burundi es un país pequeño enclavado en la región de los Grandes Lagos africanos que, aturdido aún por una guerra civil que duró más de una década, intenta recuperar su lozanía. En el último año, miles de refugiados han regresado a sus casas para reinstalarse y comenzar de nuevo. Este retorno masivo, sumado a la pobreza extrema del país y a la escasez de tierra cultivable, ha agravado la situación de vulnerabilidad de su población. Nuestro trabajo allí consiste en apoyar el desarrollo de las familias retornadas.
El programa que estamos llevando a cabo en la provincia de Makamba, junto con dos organizaciones locales, se ocupa en primer lugar de asegurar que 600 familias campesinas que han regresado a sus tierras tengan comida suficiente. Están aprendiendo nuevas técnicas agrícolas y ganaderas que les permiten triplicar la producción agrícola y cuadruplicar la producción de abono y leche.
Gracias a la Cadena de Solidaridad Comunitaria que han organizado, una familia recibe ayuda para plantar judías, yuca y maíz. Cuando logra cultivar 500 m de hierba consigue tres cabras (dos hembras y un macho). Con 1.000 m obtiene una vaca o un toro. Cuando nace un cabrito o ternero, se lo da a una familia más necesitada. Y así el número de beneficiarios se duplica año tras año.
La Cadena activa la economía familiar y las relaciones vecinales a la vez que mejora el estado del suelo.
De momento, la Cadena beneficia a 4.200 personas en la provincia de Makamba. Pero hay otras 350.000 luchando por la supervivencia sin más apoyo que su coraje. Y vivimos con la amenaza de que Tanzania fuerce a regresar a Burundi a 350.000 personas más que aún están allí.
