Chacras comunitarias ayudan a comunidades indígenas peruanas a establecerse

Con la llegada de los tiempos modernos, el pueblo del valle del río Urubamba, en Perú ha tenido que establecerse en comunidades. Y tuvieron que adaptarse a los nuevos tiempos. Su primer paso fue ganar el control de sus tierras ancestrales, para poder cultivar la tierra, cazar y pescar. Así que Oxfam America (Oxfam en Estados Unidos) ha provisto algunos fondos que ambas organizaciones necesitaban para demarcar sus tierras, y crear mapas de última generación utilizando tecnología satelital y geo-referencial. Luego iniciaron procesos legales ante el gobierno para obtener títulos de propiedad.

Los tiempos actuales demandan un nuevo acercamiento a la agricultura y el uso de la tierra en la selva del valle del río Urubamba

El camino lodoso que lleva a la chacra de la comunidad de Miaria guía a los visitantes junto a cabañas de madera y campos con cultivos muy crecidos. El rocío de la mañana aún cuelga de las ramas de los árboles bajo los rayos del sol. Mientras el sol asciende, sus rayos iluminan los vapores que emanan del suelo húmedo. A pesar de la hora, el día se pone muy cálido y el grupo se mueve bajo la sombra de los árboles al tiempo que el líder de la comunidad, Jacobo Díaz, se para entre unos troncos caídos cerca del borde de la chacra, escudriñando entre la luz.

Jacobo recuerda las prácticas agrícolas de los antiguos pueblos Machiguenga y Yine en el valle del río Urubamba, en Perú. “Nuestros padres y abuelos vivían separados por grandes distancias“, comenzó. “Buscaban tierras donde pudieran cultivar yuca y otras plantas por dos años, luego se mudaban”. Cuando los campos dejaban de producir, buscaban otros campos para despejar y plantar. “Nuestros ancestros antes que nosotros hacían chacras, pero los abandonaban. Hacían otra, y la abandonaban otra vez”.

Con la llegada de los tiempos modernos, el pueblo indígena de esta zona del Perú ha tenido que establecerse en comunidades. Ya no han podido utilizar sus antiguas tácticas de “tala y quema”, despejando y plantando campos hasta que los suelos se agotaran antes de mudarse. Tuvieron que adaptarse a los nuevos tiempos.

 Thea Gelbspan/Oxfam Su primer paso fue ganar el control de sus tierras ancestrales, para poder cultivar la tierra, cazar y pescar. El pueblo indígena no es el único interesado en los recursos naturales de la zona, sin embargo. Por ejemplo, la tala ilegal de caoba y otras maderas valiosas a manos de peruanos no indígenas está convirtiéndose en una práctica cada vez más indiscriminada en la selva.

El gas de Camisea, un gran proyecto de gas natural, está extrayendo toneladas de gas de las tierras indígenas en la selva más remota y transportándolo a través de tuberías cruzando los Andes hasta la costa, desde donde se exporta. La compañía de gas transporta maquinaria pesada usando grandes buques que viajan por el río Urubamba. Los ríos de la zona también están observando un incremento de la pesca. Las naves arrastran sus redes por el fondo del río, disminuyendo significativamente las reservas de peces, y amenazando un recurso que ha sido esencial para los indígenas por siglos. Sin un título legal claro sobre sus tierras ancestrales, los pueblos indígenas no tendrían ningún poder para proteger sus bosques y sus recursos acuíferos, y participar en la determinación de sus medios favoritos de desarrollo económico para superar la pobreza. El Consejo Machiguenga del Río Urubamba (COMARU) y su aliado, el Centro para el Desarrollo de los Indígenas Amazónicos (CEDIA), se acercaron a Oxfam America buscando ayuda en 1985. Durante los siguientes 15 años, Oxfam ha provisto algunos fondos que ambas organizaciones necesitaban para demarcar sus tierras, y crear mapas de última generación utilizando tecnología satelital y geo-referencial. Luego iniciaron procesos legales ante el gobierno para obtener títulos de propiedad. En total, estos esfuerzos ayudaron a 4,197 familias en 71 comunidades a obtener títulos sobre 933,863 hectáreas de tierras de bosques (cerca de 2.3 millones de acres).Habiendo establecido la propiedad de la tierra, los Machiguengas y los Yines han iniciado el desarrollo de planes de manejo comunal para que la gente pueda vivir dignamente sin degradar sus recursos naturales. El primer paso: documentar las plantas, animales y peces tan biológicamente diversos, y crear algunos proyectos que ayuden a la gente a proveer de alimento a sus familias y reducir la presión sobre la pesca y los animales de caza. Cuatro comunidades con un total de 475 familias (alrededor de 2,600 personas) construyeron lagunas para criar peces usando materiales disponibles localmente; replantaron caoba y otros árboles valiosos; desarrollaron una chacra comunitaria piloto para experimentar diversificando plantas y recuperando cultivos de algunas especies que las comunidades habían dejado de usar con el tiempo. Las familias ahora cultivan una mayor variedad de yucas, un alimento muy común en esta zona, y plantas medicinales como la sangre de grado, un árbol cuya savia parecida a la sangre se utiliza en tratamientos de primeros auxilios para detener el sangrado en cortes y raspones menores.Jacobo Díaz contó a los visitantes que las chacras estaban ayudando al pueblo de Miaria a vivir en su comunidad, ahora que los Yine ya no son nómadas. “Reclamamos y ganamos el título de nuestras tierras, ahora tenemos nuestra tierra y estamos atados a ellas. Este proyecto nos está ayudando a extender la vida de nuestras chacras. Ya no tenemos que preocuparnos tanto por lo que vamos a comer. Podemos producir alimento para nuestros hijos.”

Texto original: Thea Gelbspan, administradora del programa regional para América Latina en las oficinas centrales de Oxfam América en Boston.